“El deporte debe ser una pasión, nunca una obsesión”

Urrechu

El criterio, la constancia y la humildad le han llevado de fumar 3 paquetes de tabaco diarios a perder más de 20 quilos y a participar en pruebas de ultra fondo. Lo suyo no son medias tintas. Le gusta lo extremo. Lo osado y atrevido. Original y rompedor. Como su cocina. Acaba de cumplir 44 años. Lo celebró corriendo 44 quilómetros encima de una cinta de correr de la marca BH. La misma que le ha permitido recuperarse de una lesión que debía alejarle para siempre del deporte. El cocinero vasco Íñigo Pérez “Urrechu” (propietario del restaurante “Urrechu”, en Madrid) busca ahora triunfar en la tierra de Filípides. En el horizonte, la Spartathlon Ultra Race.

El pasado fin de semana se ha disputado el Spartathlon Ultra Race. 246 quilómetros entre Atenas y Esparta bajo un intenso calor y un tiempo límite de 36 horas. Es una prueba que tienes entre ceja y ceja. ¿Para cuándo?
Lo más duro del Spartathlon no es sólo correrla, sino el proceso de inscripción. Sólo la pueden correr 300 personas de todo el mundo. Tienes que mandar tu solicitud y, si es aceptada, al año siguiente puedes participar. Hay distintos medios para entrar. El mío va a ser correr el Campeonato de España de 100 quilómetros en pista en menos de 10:30.

Para llegar a Atenas en plenas garantías, el recorrido es largo. Hace 10 días corriste la clásica Madrid-Segovia. 102 quilómetros en menos de 24 horas.
Es una prueba preciosa, con un recorrido que enamora. Corres por toda la ruta del camino de Santiago, pasando por el acueducto de Segovia, que es donde se encuentra la meta. He empezado, pues, la preparación para el Spartathlon haciendo 102 quilómetros (y se echa a reír sonoramente). De cara al Spartathlon, a parte de correr, hay que somatizar que el correr es una práctica intrínseca del día a día. Incluso dormitando, comiendo, estando cansado… tienes que ir corriendo. Las matemáticas no fallan: 7 quilómetros por hora en 36 horas permiten completar los 246 quilómetros. Es una intensidad aeróbica de muchísimas horas corriendo, más que una intensidad cardíaca elevada.

Tu preparación va por fases, acumulando quilómetros y más quilómetros. ¿Cuál es la próxima parada?
En verano del año pasado, cuando estaba preparando un DecaIronman, tuve la mala suerte de coger una mononuclesosis que, al bajarme las defensas y querer mantener el ritmo alto de entrenamientos, me provocó malas posturas con lesiones varias: desplazamiento de un cartílago, condropatía de rótula, etc. Los médicos me dijeron que nunca más podría volver a hacer deporte de impacto. Pero gracias a las máquinas BH, una cinta de correr con un impacto mucho menor que las habituales y otra elíptica, pude entrenar en superficies más suaves y seguir corriendo. Teniendo en cuenta esto, lo primero que debía hacer antes de pensar en el Spartathlon, era convencerme a mi mismo que podía hacerlo. Y la Madrid-Segovia me ha demostrado que puedo volver a correr y que la rodilla aguanta perfectamente ritmos de volumen, que no de intensidad. La primera pauta, pues, ha sido la salud.

Unas máquinas que te han permitido seguir entrenando y con las que, además, has celebrado un par de efemérides de una forma un tanto especial. Cuéntanos.
Este año, cuando cumplí los 44, decidí correr un quilómetro por cada año de vida. Es decir, un total de 44 quilómetros encima de la cinta. Y otro día, en la preparación de la Madrid-Segovia, quería hacer un entrenamiento mental corriendo más de 5 horas en cinta. Y estuve 5 horas y 32 minutos. Los impactos son agresivos siempre y cuando no se tengan las técnicas adecuadas de carrera o bien cuando no se disponga de las herramientas necesarias para hacerlo. Y en la Madrid-Segovia me he podido demostrar que puedo acometer retos de volumen. Lo próximo es añadir la velocidad al volumen de entrenamiento. Si no lo hago así, difícilmente podré bajar de las 10 horas y media en los 100 quilómetros en pista. Hay que correr (y vuelve a reír).

Lo comentabas tú mismo: la primera premisa ha sido ganar confianza en tu rodilla. Lo mental antes que lo físico.
Es una fortaleza y, sobre todo, una alegría. Nadie quiere lesionarse nunca. La lesión no es intrínseca al deporte, pero forma parte de él. Hay que saber reflexionar. Desde que empecé a competir haciendo Ironmans, quizás uno de mis errores fue obcecarme demasiado en bajar los tiempos, en correr más rápido. Te conviertes en un puntito más egoísta. Pero no debemos olvidar que no somos profesionales del deporte, sino apasionados del deporte. Yo soy profesional de la cocina, es el lugar donde tengo que dedicarme en cuerpo y alma. En el caso de los populares, de mi caso, el deporte debe ser una pasión, nunca una obsesión. Y las lesiones me hicieron ver claramente esta perspectiva. El deporte es una pasión que se debe abordar con criterio, con constancia y con humildad.

¿Qué otras pruebas tienes marcadas en tu calendario a parte del Campeonato de España?
Una prueba en Mallorca y otra en Barcelona.

¿Se cae del calendario, pues, uno de los maratones donde querías participar: Chicago (12 de octubre)?
Ahora mismo, estoy arrancando un programa de televisión que se llamará “Abran fuego” y hasta el día 26 de octubre estaremos gravando. Así, pues, tuve que anular mi inscripción y viaje hacia Chicago. Estos días, estoy haciendo un tipo de maratón distinto: entre 10 y 12 horas de grabaciones diarias. Y acabo reventado.

¿Y te queda tiempo para poder coger las zapatillas e ir a correr?
No me queda otra que antes de ir a gravar, levantarme temprano y trotar tres cuartos de hora. Media hora mínimo, y así voy activando poco a poco el metabolismo y potenciando la musculatura.

Escuchándote hablar, con el cambio de perspectiva del que nos hablabas, da la sensación que puedes vivir sin competir. ¿Pero podrías vivir sin correr?
La lesión me ha enseñado que no soy competidor, sino que soy corredor (y reflexiona acerca de lo que acaba de decir). Esta ha sido la conclusión a la que he llegado tras dos años y medio lesionado. Cuando estaba lesionado, me sentía en el ostracismo, la persona más infeliz del mundo. No era infeliz porque no pudiera correr, sino porque el médico me dijo que no podría volver a correr jamás. Entonces, intenté analizar la situación fríamente. Debía cambiar alguna cosa. Fíjate como soy que, un día, estando en el sofá con la mujer, me dije que iba a correr el maratón de Nueva York. Me puse el vídeo en Youtube y las poco más de 2 horas que los corredores estaban dando vueltas por la gran ciudad, yo estuve corriendo encima de la cinta, aunque, a ratos, por la lesión, debía caminar. Me emocioné, me puse a llorar, viendo que era capaz de volver a correr y estar conmigo mismo.

Tenías 37 años. De no hacer nada y fumarte 3 paquetes de tabaco al día, pasaste a hacer Ironmans, correr maratones, ultra maratones, etc. ¿Es una inconsciencia?
Una persona debe analizar siempre las cosas. Analizar qué estás haciendo y si es feliz. Por aquel entonces, yo tenía mi trabajo, mi familia… pero me faltaba alguna cosa. Había intentado hacer otros deportes como tenis, pero lo único que conseguía tener era lumbago, de lo malo que era (y se vuelve a reír, sonoramente). Nunca he tenido soltura ni elasticidad para saber jugar a un deporte. Y, un día, viendo un Ironman por televisión, me llamó la atención. Y les comenté a mis amigos que yo haría uno de estos algún día. Y todos se mearon de la risa. No entendían que pudiera llegar a pegar un cambio semejante.

Y te lo tomaste como un reto.
Exacto, no una meta física, sino como un reto. Para enseñarles a mis hijos que, al final, lo realmente importante en esta vida es lo que no se puede contar con dinero. Como te decía antes, creo que en la vida, para todo, hay que tener criterio, constancia y humildad. Me puse en manos de un entrenador y el entrenamiento pasó a formar parte de mi día a día, como lo es la familia o mi restaurante. Y así es como, poco a poco, cambié de vida y me cambió el cuerpo. Adelgacé más de 20 quilos, dejé de fumar… pero lo que más se transformó fue la cabeza. Ahora soy mejor empresario, mejor cocinero, mejor padre y lo de mejor marido lo debería decir mi mujer (y nos reímos los dos).

Dices que “la larga distancia te permite pensar mucho y no hacer las cosas a la ligera”. En estos casos, se habla mucho de los límites. ¿El cuerpo tiene límites?
El cuerpo tiene límites, evidentemente. Lo que no tiene límites es la cabeza. El límite del cuerpo se encuentra cuando se termina el depósito de glucógeno y el cuerpo metaboliza la grasa. ¿Cuál es el límite de una persona? Pues yo no lo estimo en el cuerpo, que por supuesto lo tiene, sino en la cabeza. Las personas que acometen retos importantes no los terminan por su físico, sino que lo hacen por su cabeza bien amueblada.

¿Cómo lo lleva todo esto tu familia?
De maravilla. Cuando me puse a hacer Ironmans, me di cuenta que había un punto de obsesión importante y que debía entrenar muchas horas. El deporte tiene un punto egoísta, te permite reencontrarte. Pasó a ser mi momento. Pero no quería que quitara tiempo de marido o padre. Y llegamos a un acuerdo. Haría una o dos pruebas anuales de larga distancia, que es el tiempo que tengo para entrenar, y sería mi mujer, quien escogería la destinación, el viaje. Y así lo hemos hecho en varias ciudades de Alemania, Nueva York, Londres, Berlín, Roma, etc. Y los chicos, mis hijos, también se sienten parte importante de los entrenamientos. Les digo que yo soy las piernas y ellos el corazón. Y me preguntan cada día cómo he entrenado. Su premio es la medalla y poder cruzar la meta conmigo. Sólo elijo pruebas que me permitan hacer ambas cosas. Así, ellos también visualizan esta meta con su padre.

¿Como cocinero, qué consejo nutricional darías a los deportistas populares?
Pues que intenten siempre calibrar bien la alimentación. No es comer pasta hasta los topes, sino buscar un equilibrio entre hidratos de carbono, proteínas y lípidos (grasa). Como por igual hidratos y proteína (sobre todo proteínas vegetales) y después busco grasa como la del aceite de oliva o las nueces.

¿Por qué proteínas vegetales?
Son de más fácil digestión, la recuperación es más rápida y metabolizan mucho mejor el cuerpo. Nos darán menos pesadez y tendremos una sensación de mayor recuperación muscular inmediata. Ejemplos de ello son el cáñamo (52%), la quínoa, algas como el wakame y las legumbres.

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