ESENCI@L

Entrevista al CEO de la Clínica de Fisioterapia Ángel Araque de Madrid

Ilde Araque: “Si las cadenas low cost contratasen más personal, ganarían más dinero”

PHOTO-2022-07-05-13-00-39

El entrenador personal Ilde Araque, responsable de la la Clínica de Fisioterapia Ángel Araque de Madrid, apuesta por incentivar a los técnicos de sala con mayores sueldos para que ofrezcan un servicio de más calidad

(14-7-2022) Ilde Araque es un firme defensor del valor que tienen los recursos humanos para los centros deportivos. Desde su experiencia como entrenador personal y como responsable de un centro de entrenamiento personal, considera que las empresas del sector del fitness deberían dedicar más recursos a unas figuras que reclaman más incentivos para no tener que renunciar a su vocación.

El convenio de los gimnasios lleva denunciado desde 2019 y con difícil perspectiva de que se desbloquee a corto plazo. ¿Crees que las empresas del sector deberían hacer un mayor esfuerzo salarial con sus trabajadores? 

Se ha quedado en stand by. Hay pocas personas del sector apuntadas a un sindicato, especialmente por desconocimiento de lo que se puede hacer. Cuando las empresas son las que más fuerza tienen en todo esto, son las primeras a las que no les interesa pagar de más a los profesionales. Si hay precariedad en el sector y los trabajadores van rotando en muchas empresas, al final el usuario lo sabe y repercute directamente en el negocio. Es fundamental que esto cambie, y el colegio (Consejo COLEF) debería tenerlo también como prioridad. 

Hace un par de semanas, el consultor Chano Jiménez planteó la posibilidad que el técnico de sala desapareciese del gimnasio por el poco uso que se le daba a esta figura. ¿Coincide con él en que esta figura se suprimirá si no logra aportar valor al centro?

Esto me lo planteé en mi primer trabajo. Me ponían a mí como entrenador de sala y veía que era fundamental estar ahí y empezar a educar a la gente preguntando y preocupándote por ellos. Cuando entraba en la sala tenía una regla: intentar llegar a hablar con todas las personas. Si había 100, quizás me quedaba en la número 40 ó 50. Les preguntaba qué entrenamiento hacían e intentaba quedarme con su nombre. A medida que iba conociendo la gente del gimnasio me iba dando cuenta de que la mayoría de gente entrenaba sola.

Incluso una persona me dijo que en 10 años nunca se le había acercado nadie a preguntar qué estaba haciendo. Si el técnico de sala está esperando a verlas venir, es normal que se plantee que no es necesario. En los centros en los que he trabajado siempre he intentado que se le pagara más a esa persona que estaba en sala para incentivarla y que vea que su trabajo es necesario. Si le pagas 5 euros la hora, le das el mensaje que tiene que estar ahí y ya está. Si le pagas más y le incentivas a hacer otras cosas, puedes mejorar mucho el servicio y la gente lo nota. 

El usuario de un gimnasio me dijo que en 10 años nunca se le había acercado nadie a preguntar qué estaba haciendo

Tras la pandemia ha habido un incremento de la demanda de servicios de entrenamiento personal. 

La gente quiere llegar a un gimnasio y que le digan qué tiene que hacer para lograr sus objetivos. La mayoría de las personas que se apuntan a centros de entrenamiento personal se han apuntado seis u ocho veces a gimnasios, pero no han conseguido objetivos y buscan alternativas. Y la alternativa que hay es que te prescriban ejercicio. Cuando tienes 20, 25 ó 30 años no te das cuenta de que en tu gimnasio no te están dando un buen servicio. Es cuando dejas tres, cuatro o cinco centros que ves que necesitas otra cosa. Y a medida que avanza la edad es más difícil lograr resultados y tienes que hilar más fino con los ejercicios y las repeticiones. 

Las grandes cadenas intentan vender servicios boutique, pero no dejan de ser clases colectivas

¿El auge de los estudios boutique que apuestan por el entrenamiento personal es real?

Es verdad que se están abriendo muchos más centros de este estilo. El problema es que las grandes cadenas lo saben e intentan competir añadiendo servicios que venden como boutique, pero que simplemente son clases colectivas. Pero estamos en las mismas: te van a corregir, pero aún no es un entrenamiento personalizado donde te dicen qué necesitas. Cada vez hay más centros dirigidos por graduados en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, pero cuando no priorizan que haya una individualización en el entrenamiento, te dejas llevar por lo económico. Es difícil: ¿buscas que se apunte más gente o dar un mejor servicio?

¿Los entrenadores personales salieron perjudicados del boom de los gimnasios low cost que redujeron gastos a costa de prescindir, entre otros servicios, de los entrenadores personales?

Sí. Para mí los recursos humanos son clave. El CEO de una cadena low cost me dijo: «Ilde, una máquina da menos problemas que una persona». Fue una frase lapidaria para mí. Puede tener parte de razón, porque una persona puede enfermar, pero luego ves que grandes cadenas invierten tres o cinco millones de euros en un centro. Podemos intentar educar a la gente para que vaya al centro cuando sepa entrenar, pero es difícil mandar ese mensaje. Y, también, educar a las cadenas de gimnasios low cost: creo que si contratasen más personas, no solamente ingresarían mucho más dinero, sino que sus clientes estarían más contentos. 

¿Crees que hay gimnasios que no se preocupan de si los usuarios entrenan y logran resultados?

Una vez le pregunté al director de un centro donde trabajaba sobre qué hacían con esos usuarios que pagaban pero no iban al gimnasio. Y me dijo: «Intentar que no se entere que paga por no venir, porque si se da cuenta o le llamas para que venga, se va a dar de baja». Hay una ley que te obliga a llamar a una persona que lleva seis meses sin ir a un gimnasio al que está apuntada para recordárselo. Según me dijo ese CEO, un 30% de los usuarios no iba al centro, es mucho dinero para una empresa, pero a la larga son clientes que se irán. También me dijeron otra frase lapidaria: «Yo no invierto en fidelización del cliente, yo lo que quiero es que la gente se apunte en septiembre, enero y después de Semana Santa». Ya saben que son las tres fechas clave para que la gente se apunte al gimnasio. Pero no priorizarán ni que la gente entrene. Es una reflexión muy dura. El problema es que muchas veces la visibilidad la reciben grandes cadenas o el deporte en sí en vez de los centros específicos que cambian vidas a la gente a nivel físico y mental. 

El CEO de una cadena low cost me dijo que intentaba que los usuarios que no iban al gimnasio no se diesen cuenta de que seguían pagando

¿Falta vocación para ejercer de profesional de la actividad física?

No falta vocación, sino que cuando entras en el mercado laboral te encuentras con una realidad diferente a la que intuyes cuando te metes en la carrera. Cuando la empiezas, piensas que te vas a dedicar al alto rendimiento o al deporte en sí, pero luego ves que hay muchos clubs deportivos que pagan en negro o que te dan salarios precarios. 150 euros al mes por 2-4 horas a la semana más fines de semana. Puede ser un primer trabajo para compaginar con la carrera, pero a largo plazo es inviable. Para ganarte la vida en un equipo tiene que ser de alto rendimiento, sino es difícil. 

¿Cómo han afectado los ERTE a los profesionales del sector?

Los ERTE han provocado que mucha gente se lo monte por su cuenta e intente emprender. El problema ha sido que mucha gente que se autoemplea haya visto la realidad de los autónomos y que es muy difícil. Los ERTE han hecho ver que el trabajo en el sector es bastante precario y que, siendo un poco proactivo, uno puede sacar ese rendimiento económico yendo por su cuenta. Falta profesionalización en el sector, en parte porque los profesionales del ejercicio físico no salimos con formación empresarial. Se infravalora a los profesionales de la actividad física, porque si te ofrecen cobrar 900 euros y luego muchos dejan el sector para intentar opositar a policía y cobrar 1.400 o para irse a otros sectores donde pueden cobrar más. 

¿Qué soluciones propone al respecto?

Que la gente se involucre en el cambio, por un lado. En las formaciones que imparto intento crear una comunidad para que realmente luchemos contra el intrusismo laboral, un problema que creo que se mantendrá a pesar de la nueva ley del deporte. Y subir precios para dar un mejor servicio de calidad, por el otro, ya que así las condiciones laborales cambiarán. De momento no hay conciencia de que nuestro trabajo vale un cierto dinero y de que los entrenadores personales pueden ocupar su tiempo haciendo muchas más cosas de las que hacen: desde las redes sociales a grabar vídeos, hacer comunicaciones, eventos, hablar con ayuntamientos e instituciones… nada de esto se plantea en el sector deportivo. 


Hay 1 comentario

Añade el tuyo
  1. Maripaz

    Totalmente de acuerdo Ilse, el problema es luchar contra un gigante. El Gimnasio Low Cost se creó como una estrategia de marketing para atraer a mayor número de clientes, en masa, disminuyendo calidad, donde el deporte es solo visto como un producto. Una vez que esto lo manipulan empresarios ya no hay vuelta atrás porque solo ellos solo ven rendimiento económico, a ellos no le importa la salud, ni la calidad del servicio , ni nada. Ahora como se lucha? Cuándo paramos esto? Cuándo hay desgracias, cuándo hay denuncias colectivas…claro que sí, así es.


Publicar un nuevo comentario.