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Diario de confinamiento (XII). Cautivos de una montaña rusa

Calafell en dias de confinamiento

Hoy Calafell ha amanecido nublado. Estos tiempos de confinamiento nos traen estados anímicos que, tan pronto, hacen que nos vengamos arriba, como que caigamos en el desánimo. Pese a ello, debemos seguir adelante porque el espetáculo debe continuar.

(31-3-2020). Los largos días de confinamiento nos continuan teniendo sumidos en una incesante actividad no exenta de la angustia que propicia la incertidumbre. Estos son días de subidas y bajadas anímicas que nos hacen sentir que vivimos en una montaña rusa que, pese a su teórica provisionalidad, en algunos momentos, nos parece perpetua.

Son las seis de la mañana. Me he despertado a las cinco y no he conseguido volver a conciliar el sueño. La cabeza no me cesaba de generar pensamientos encadenados sobre la situación actual que la pandemia del coronavirus ha provocado en el mundo, el país, el sector, y en CMDsport. El otro día, el presidente de Base Detall Sport, reconocía en esta web que “cuando me levanto, el mundo se me viene encima. Suerte que luego, tras contactar con los compañeros, hablar con ellos me ayuda a venirme arriba”.

Son días difíciles. En esta tercera semana de confinamiento, pese a la posibilidad de contactar con el mundo a través del teléfono, por whatsapp, por mail, por videoconferencia, el mundo es nuevo, y al limitar física y forzosamente con las paredes de nuestras casas, se ha hecho especialmente pequeño y claustrofóbico. Curiosamente, este ‘nuevo mundo’ dista mucho de la idea que siempre he tenido de los nuevos mundos. Una de las características que siempre pensé de ellos es que su horizonte era ilimitado, que se podían hacer cosas que en el mundo tradicional no podían hacerse, que en esos nuevos mundos se podía ir por todas partes, que podías conocer a gente nueva, que todo eran descubrimientos.

NUEVO MUNDO

Este ‘nuevo mundo’, sin embargo, no es así o, al menos, no lo es para mí. No me bastan las nuevas tecnologías que hemos descubierto que ofrecen un sinfín de opciones comunicativas. Y es que, a pesar, de esas teóricas infinitas posibilidades de comunicación, echo terriblemente de menos el sentido del tacto e, incluso, el de la vista, sobre todo con la gente que hablo. He descubierto que verla a través de una pantalla no es lo mismo que verla físicamente porque los ojos, cuando miran físicamente, también pueden tocar y la pantalla no lo permite.

Quizás sorprenda lo que acabo de decir. Pero igual se entienda mejor si digo que a mí me ha tocado vivir solo esta situación extraordinaria. Con mi pareja apostamos desde el principio por practicar eso que llaman ‘living apart together’ y, pese a plantearnos compartir juntos el túnel actual, una serie de circunstancias propiciaron que, al final, estemos pasando este periodo cada uno en su casa. No me arrepiento de nuestra decisión pero reconozco que su ausencia, aunque nos ‘vemos’ cada día (a través de una pantalla), me pesa y me duele como jamás antes me había pesado y dolido.

TIEMPO DE PARCHES

El confinamiento nos está poniendo muy a prueba como profesionales pero sobre todo como personas. Todos estamos llenando de ‘parches’ nuestro ‘nuevo mundo’, e intentando que éste sea lo más parecido al mundo que habíamos vivido hasta antes de que se tomaran las medidas que se han tomado para evitar el contagio por coronavirus. Efectivamente, la capacidad de adaptación del ser humano a las circunstancias está quedando constatada Pero, precisamente, la provisionalidad que tanto nos subrayan que tiene el actual escenario, agudiza la percepción de ese parcheo permanente en el que andamos sumidos todos.

Y lo digo porque hasta en las altas esferas, es decir, entre los que nos gobiernan, también impera ese parcheo continuado. Cada día surgen nuevas vías de agua que, en función de su trascendencia sobre la flotabilidad del barco (la sociedad -los votantes-), se jerarquiza su posición en esa lista que no deja de crecer del ‘Plan de Parcheo General’.

Ayer me decían desde el Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas que el Gobierno intentaba dilucidar las urgencias de las emergencias. Las primeras, me precisaban, son las que no llegan a suponer riesgo vital, mientras que las segundas sí lo suponen.

Somos muchos colectivos, muchos sectores y todos ellos están compuestos por mucha, mucha gente. Cada uno de ellos, precisamente por su conocimiento de causa, sabe diferenciar lo urgente de lo que es una emergencia. Pero los gobiernos desde su ‘visión de aguilas’, al final, acaban priorizando eso que llaman “interés general” y que implica que acaben actuando con la intención de satisfacer a la mayoría, aunque eso suponga jorobar a ‘minorías’ que aglutinan a cuantiosísimas cifras de ciudadanos.

EL PRESIDENTE DE LA ‘GUERRA’ DEL CORONAVIRUS

Pedro Sánchez pasará a la historia como el presidente de la ‘guerra’ del coronavirus. Estoy convencido de que duerme menos horas que la grandísima mayoría de todos nosotros. Incluso, es posible, que él mismo reconozca en su fuero más interno que no le gusta estar ni en su propia piel. Pero lo evidente es que está cometiendo errores que lo asemejan al resto de líderes políticos que en las actuales circunstancias también se han visto superados por el coronavirus.

Cuando salgamos de esta, y no lo digo por sumarme a los entusiastas, sino por el simple principio de que todo lo que empieza, acaba acabando, es indudable que todos habremos quedado afectados por el ‘bicho’. Los menos, siempre es igual, porque saldrán todavía más reforzados de lo fuertes que ya estaban antes del túnel, mientras que los muchos, muchísimos, saldremos todavía más débiles; tanto que, como vaticinaba el presidente de Base Detall Sport, Francisco Torrejón, “seguramente tendremos que volver a empezar y, en muchos casos, volver a empezar de cero”.

EL NUEVO CONSUMIDOR

El escenario post-confinamiento que nos encontraremos no será como el de antes del confinamiento. Estoy convencido de que los clientes de cada uno de los eslabones de cada sector habrán visto cuántas cosas son prescindibles y surgirá un nuevo orden de ‘primeras necesidades’.

Por supuesto, la mayoría de los profesionales del sector deportivo desconocemos cómo será nuestro nuevo consumidor y, lo más importante, si éste nos incluirá o no dentro de sus nuevas prioridades. Probablemente en estos momentos, todos queremos superar la pesadilla cuanto antes para que la ‘metamorfosis’ del consumidor sea lo menos acentuada posible y ello evite que ‘olvide’ sus hábitos anteriores.

Pero, desengañémonos, aunque algunos hábitos perdurarán, el nuevo escenario traerá otros distintos que, probablemente, supondrán la definitiva entrada de las nuevas tecnologías en sus respectivas vidas y una mayor propensión hacia lo que considere auténticamente necesario.

GESTIONAR LASTRES PROPIOS Y AJENOS

Decía al empezar este diario de confinamiento hace doce días que me sentía un privilegiado por poder ver el mar desde mi apartamento de Calafell. Ciertamente, desde la terraza diviso un amplio y bonito horizonte y tengo mucha suerte por ello.

Pero ese horizonte siempre es el mismo, aunque el mar no deje de cambiar de aspecto diariamente. El rumor de las olas rompiendo me trae el sonido de otros lugares pero no se me lleva. Y tampoco se lleva esta profunda sensación de vivir cautivo de una situación en la que estoy a merced de las subidas y bajadas que experimento cada día. Y, la verdad, me gustaría sentirme como un trozo de corcho porque sabría que, pese a cualquier temporal, siempre me mantendría a flote. Y es que lo complicado hoy es gestionar los lastres propios y ajenos, e intentar mantener el rumbo hacia la salida del túnel de esta montaña rusa en la que estamos sumidos.


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