ESENCI@L

Cómo innovar para que no caiga en saco roto

Fallos y aciertos en los procesos de innovación de las empresas

innovar

(28-2-2019). ¿Qué hace que el 64% de las funciones de una app no se usen? ¿O que del total de innovaciones que salen al mercado, el 24% fracasen y el 44% presenten problemas? De la mano del analista de sistemas Javier Esteban y el consultor Jaume Massons, analizamos los errores que se comenten en los procesos de creación y de innovación, y las alternativas a aplicar.

“La innovación es la palanca de crecimiento de la industria del deporte”, asegura el consultor y emprendedor Jaume Massons, quien lamenta que en los procesos actuales de innovación de las empresas algo falla cuando “no se usan muchos de los productos que se lanzan al mercado y los que se utilizan -especialmente los tecnológicos-, no se aprovecha el 100% de su potencial”.

Javier Esteban, experimentado analista en compañías como Deloitte o Indra y actual director de Movetia, considera que una de las causas de esta falta de conexión entre la innovación y el usuario se encuentra precisamente en el proceso de creación de los productos.

Ambos profesionales participaron en el evento sobre innovación dirigido a gestores y profesionales del fitness que la consultoría deportiva MAS organizó hace unas semanas en Barcelona como parte de su tour nacional de formación que recorre distintas ciudades durante este 2019. En este encuentro dieron a conocer algunos de los fallos que a su entender se produce en los procesos de creación y de innovación de las empresas actualmente, así como aportaron algunos consejos para que esta innovación no caiga en saco roto.

No hay que obsesionarse con ser disruptor

Para empezar, Jaume Massons, que atesora más de 14 años de experiencia como consultor en estrategia, marketing management y marketing digital, invita a diferenciar entre los conceptos de ‘iteración’, ‘innovación’ y ‘disrupción’. De forma resumida y clara se puede definir la iteración como “hacer lo mismo, pero mejor”, la innovación como “la realización de nuevas cosas que aportan un valor”, mientras que la disrupción se basa en “crear cosas nuevas que rompen con lo que se ha hecho hasta la fecha y cambian la manera de consumir”.

Muchas startups nacen con el objetivo de ser disruptoras, pero no es nada fácil cambiar las reglas de juego, ni falta que hace según el consultor. “No hay que obsesionarse con ser disruptor ni todos lo podemos ser”, afirma añadiendo que “no es necesario disruptir para iteracionar o para innovar”. Eso sí, cree que lo que hace falta es “cambiar la perspectiva desde la que se intenta crear e innovar”.

Más del 60% de las funciones no se usan

Massons considera que nos encontramos en el momento de la historia en el que la innovación centra parte de la actividad de muchas empresas y se crean muchos nuevos productos. Sin embargo, un alto porcentaje de ellos no llegan de la forma deseada al público.

“El 24% de los proyectos fallan, el 44% da problemas, el 68% son mal entregados y de los que se usan, hasta un 64% de sus funcionalidades no se ponen en práctica”, ejemplifica citando el CHAOS Report 2009, de Standish Group. Pero es fácil de entender si pensamos en todas esas apps que tenemos descargadas en el móvil y que no abrimos o, en el caso de los que ponemos la lavadora, los pocos programas de lavado que usamos aunque la máquina ofrezca hasta 10 tipos.

“Los procedimientos de trabajo actuales no ayudan a que los proyectos tengan éxito”, afirma. Y aconseja que “las innovaciones se deben poner en marcha lo antes posible, porque no sabemos cuánto va a durar el contexto para el que pensamos que puede funcionar esa creación”. Motivo por el que aconseja “acelerar los procesos y comenzar con un boceto que esté vivo, que vaya cambiando y matizando según las respuestas de las personas”.

En cambio, rechaza “empezar un proyecto con el objetivo de conseguir el producto final al acabar el proceso de creación”. “Se debe construir lo que sea necesario, no gigantes caros en los que se usa el 5% de todo su potencial, generando sentimientos negativos tanto en el comprador del producto como el usuario”.

Por otro lado, cree fundamental que “los profesionales encargados de esa innovación mantengan viva su motivación para que el producto esté constantemente aportando valor”. Y es partidario de que en el proceso de creación “participe todo el mundo, dándoles la oportunidad de aportar y explorar ideas, que todos puedan innovar”.

Fases de la creación

En este sentido, el director de Movetia Javier Esteban, invita a reflexionar sobre la necesidad de contar en el seno de las empresas con un departamento de innovación. A lo que el analista responde que “en nuestra empresa no tenemos y nos consideramos innovadores, porque hacemos las cosas de forma diferente”.

¿Cómo de diferente? El profesional explica que en su carrera como analista había adoptado siempre un esquema lineal y clásico para el proceso de creación de innovaciones. Un formato que admite que cambió con su entrada en Movetia, considerando el modelo anterior “ineficiente”.

Proceso clásico de creación que Esteban considera “ineficiente”.

Dentro del proceso de creación que propone Esteban basado en la metodología Agile hay que partir de la base de que “la innovación se diseña”, pero el primer paso debe ser definir para quién se va a crear. “Una idea, por muy buena que sea, no tendrá futuro si no se le ha dado forma teniendo en cuenta quién la va a usar”. Se trata, en resumen, de poner al receptor/cliente en el centro de la ecuación y no sólo al final cuando se prueba la innovación.

Una vez se tiene la idea y se ha comprobado que encaja con la necesidad identificada en el público, el siguiente paso según Javier Esteban debe ser la formación de un grupo de trabajo en el que se incluyan profesionales de distintos departamentos de la empresa que trabajarán en lo que considera que son las tres fases del proceso de creación: Inspiración, Ideación e Implementación.

El método Agile pone al usuario final en el centro del proceso, buscando su reacción en cada fase.

1.Inspiración

Esteban considera que es una fase que”debe abordarse siempre”. Se compone de dos bloques: comprensión (entender porqué queremos hacerlo) y observación del usuario final.

En esta primera fase se realizará un primer boceto de la idea que se quiere construir a través de las reuniones de trabajo y de benchmarking o el estudio del mercado para conocer si existen ideas similares y qué se hace en otros sectores.

También se estudiará a la audiencia manteniendo entrevistas con los usuarios, a partir de las cuales se crearán personaje y arquetipos que se usarán durante el proceso de creación. El analista también recomienda crear mapas de empatías (dibujar un mapa de las sensaciones, sensibilidades y sentimiento que tendrán los usuarios frente a la idea), así como ponerse en los zapatos de los consumidores y prever su actuación.

2. Ideación

“Es la parte más divertida del proceso”, apunta. Es la fase en la que se realiza el workshop o trabajo co-creativo en el que intervienen distintas metodologías, para lo que aconseja leer Design Sprint de Google.

De este trabajo saldrá un prototipo que se testará en los usuarios, pudiendo hacer variar el prototipo en varias ocasiones.

3.Aterrizaje

Incluye:

  • Mapa conceptual. Esqueleto de lo que se va a construir

  • Wireframes (imagen sencilla del producto)

  • Diseño visual e interacción (primera versión del esqueleto con piel)

  • Desarrollo

  • Lanzamiento

  • Mantenimiento y evolución

Resumen del proceso de creación con sus distintas fases.

Sobre el tiempo necesario para completar este proceso, Javier Esteban considera que “depende de la magnitud de la idea del proyecto, pudiendo ser de una semana hasta de meses”. Aún así anima a seguir una metodología de creación porque “sin realizar todo este proceso antes, no se conseguirá el efecto ‘wow’”.


No hay comentarios

Añade el tuyo