ESENCI@L

La restricción del 30% de usuarios hace inviable muchas instalaciones

Las piscinas catalanas ahogadas por el límite del aforo

Desde la AENC reconocen que “a muchas entidades no les salen los números”

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REAPERTURA BAJO LA INCERTIDUMBRE. En la instalación deportiva el Parc del Garraf, ubicada en Vilanova y la Geltrú, hoy reabren sus puertas tras un mes sin actividad, aunque con el temor de que haya un nuevo cierre dentro de pocas semanas que complique aún más su situación.

(8-1-2021). Decenas de centros deportivos con piscinas en Cataluña sufren una encrucijada desde el pasado mes de noviembre. La Generalitat les permite abrir, pero con unas restricciones que hacen muy difícil mantener unas instalaciones con unos costes muy elevados.

“Cerrado temporalmente debido a las restricciones por el Covid-19”. Este es uno de los mensajes que más se han repetido en las últimas semanas en las páginas web de decenas de centros deportivos catalanes con piscinas. Para muchos de ellos, que la Generalitat les haya permitido mantener abiertas sus instalaciones acuáticas durante los últimos cierres no ha sido, ni mucho menos, un consuelo.

El coste económico que supone tener abierta una piscina, a nivel de consumo energético y de personal, ha sido inasumible para muchos gestores de centros deportivos privados y concesionales que han tenido que optar por cerrar estas instalaciones. Poder operar con el 30% del aforo habitual es un ahogo para las piscinas. Un límite que no varía a partir de hoy, cuando entra en vigor la flexibilización de algunas medidas que afectan a los gimnasios. Pueden reabrir las instalaciones cerradas, pero las piscinas se mantienen en la misma situación.

La Asociación Empresarial de Clubes de Natación de Catalunya (AECNC) admite que son “muchos” los centros deportivos con alguna piscina que han decidido cerrar temporalmente porque no les salían los números. Eso sí, puntualizan que los clubes de natación sí se han mantenido abiertos durante el cuarto cierre del sector deportivo catalán porque su razón de ser y sus principales bastiones son, precisamente, las piscinas.

CIERRES INDUCIDOS 

Son numerosos los equipamientos deportivos, repartidos por todo el territorio catalán, que se han visto inducidos a cerrar las piscinas este invierno. Uno de los centros que se vio abocado a cerrar en enero fue el Parc del Garraf, en Vilanova y la Geltrú. “Tanto a nivel de viabilidad como de logística es casi imposible gestionar una piscina a la que sólo vayan el 30% de los usuarios”, reconoce la directora adjunta del centro, Josefina Gomariz. Hoy reabren sus puertas tras un mes sin actividad, aunque con el temor de que haya un nuevo cierre dentro de pocas semanas que complique aún más su situación.

Las dos instalaciones que gestiona este centro (CEM Parc del Garraf y CMES Esportiu la Piscina) aglutinaban unos 8.000 abonados antes de la pandemia. A día de hoy, y a la espera de conocer las posibles bajas que puedan haber una vez termine el período de compensación de la cuota pagada y no disfrutada en enero, registran 4.300 abonados. Esto supone un descenso del 46% de su masa social.

PUNTO DE EQUILIBRIO

Según la directora adjunta del centro, necesitan unos 3.000 abonados en cada instalación -6.000 en total- para llegar al punto de equilibrio que haga que su negocio sea económicamente viable. “Si tuviésemos los mismos socios que antes podríamos haber pagado al personal de recepción, socorristas, monitores y demás gastos energéticos. Pero con estas cifras no se puede mantener una piscina”, lamenta Gomariz.

Un caso similar vive la Piscina de la Selva, centro con 4.500 metros cuadrados ubicado en Santa Coloma de Farners. Esta instalación pública, gestionada por una empresa privada, tenía 1.875 abonados antes de la declaración del primer Estado de Alarma, en marzo del 2020. Casi un año después, apenas mantiene a 700 abonados. En este caso, la caída de abonados ha sido del 62%. Cada cierre les ha provocado un aluvión de bajas, y asumen que tras este ocurrirá lo mismo.

“No sabes cuánto durará el cierre. ¿Qué haces con el agua caliente? ¿Lo dejas porque serán 15 días o lo cierras si se alarga?”, expone la directora del centro, Yolanda Dionisio. La empresa hizo un ERTO a sus 30 trabajadores y aún mantiene colgado el cartel de “instalación cerrada hasta nuevo aviso”. Una realidad que, muy probablemente, compartirán muchos otros centros con piscina repartidos por todo el territorio catalán.

PIDEN AYUDAS DIRECTAS

“El problema es que hemos hecho muchas inversiones para evitar los contagios, tenemos préstamos e ICOs, y todo se tiene que pagar. Sólo con recuperar el punto de equilibrio esto no se puede sostener”, advierte Gomariz. La responsable del centro pide ayudas y subvenciones directas hasta lograr recuperar el número de socios que necesitan. Sin ellas, advierte, no sabe si podrán recuperar a toda su plantilla y servicios.

Al tratarse, algunos de ellos, de centros concesionales, saben que por ley les corresponde que los respectivos ayuntamientos reequilibren las pérdidas generadas por la pandemia. La gran mayoría ya han tramitado la petición de reequilibrio económico. Sin embargo, muchos gestores dan por hecho que, debido a los problemas de tesorería de las administraciones locales, no recibirán una transferencia directa de dinero, sino que se les propondrá una fórmula económica distinta como, por ejemplo, una posible rebaja en el cánon o una ampliación de los meses de concesión.

Pese a la reapertura de las instalaciones deportivas catalanas, ninguna de las fuentes consultadas prevé una recuperación hasta el segundo semestre del 2021. “Este año ha empezado muy mal. Enero ha sido desastroso, y esperamos remontar este febrero. Tardaremos en volver a una situación totalmente normalizada, pero la reapertura permite que los socios estén más satisfechos y puedan utilizar más servicios, que hasta ahora estaban muy limitados”, amplía Hector Cruz.

AJUSTAR LOS COSTES DE MANTENIMIENTO 

Para llegar a la segunda mitad del año, sin embargo, habrá que resistir antes a un primer semestre que se prevé muy duro para todos los gestores deportivos. En el caso de las piscinas, tienen que evaluar los aforos permitidos y el consumo energético y de personal que generan.

Sobre ello se pronuncia el gerente de Optimización de Costes y Procesos (OCP), Lucas Peñas: “Hay que hacer números. Si no salen es porque tienen muy limitado el aforo. A veces es mejor tener la piscina cerrada y con los trabajadores en ERTE”. La imposibilidad de hacer clases con un número mínimo de usuarios, admite, es un obstáculo para muchas instalaciones acuáticas a las que no les sale a cuenta tener un monitor para pocos abonados.

En relación a los consumos de mantenimiento, Peñas se muestra reticente abandonar el mantenimiento de las piscinas. “Si supiéramos que no van a poder abrir en seis meses, entonces habría que estudiar dejarla vacía o sin mantener. De lo contrario, es mejor hacer un tratamiento del agua sin calentarla o rebajando un poco la temperatura”, expone.


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