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Las barreras psicológicas para no ir al gimnasio

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(18-9-2015). Una barrera psicológica es aquel proceso mental que impide a una persona realizar una acción determinada. En la mayoría de los casos, si no se pone remedio, acaba frenando el propio desarrollo. Detrás de frases como “no tengo tiempo para ir gimnasio” o “no he hecho ejercicio nunca y no voy a saber hacerlo”, seguramente subyace alguna barrera de este tipo.

Sandra Pino es campeona de BodyFitness y psicóloga.

Sandra Pino es campeona de BodyFitness y psicóloga.

Las barreras psicológicas van creciendo dentro de la persona de manera inconsciente. Muchas de ellas se generan durante la infancia a partir de determinados mensajes, hechos o mandatos que acaban registrándose en el cerebro y que se almacenan de manera oculta.

Como comenta Sandra Pino, psicóloga, campeona de España de Bodyfitness y creadora del curso con certificación sobre Coaching Emocional y Sistémico, “cuando una persona siempre tiene una excusa o la frase perfecta para no ir al gimnasio, puede existir detrás una trasfondo psicológico que va más allá de unas simples palabras. Es en estos casos cuando es importante analizar, ir al origen o buscar la causa que está provocando esa actitud”.

“No sabré hacer los ejercicios solo porque nunca he pisado un gimnasio”

Detrás de esta expresión tan habitual pueden subyacer diferentes problemas internos. Según explica Sandra, “si viajamos a la trastienda encontraríamos seguramente personas a las que les cuesta mucho socializarse y tienen miedo de entrar en contacto con otros o personalidades excesivamente dependientes. Esto último suele ocurrir con bastante frecuencia entre mujeres. El hombre en este caso no suele sentir tanto la necesidad de tener siempre a alguien a su lado”.

“Estoy demasiado obeso y no perderé peso”

“Cuando tenemos sobrepeso”, añade Sandra, “es porque me estoy protegiendo de algo que no quiero tener o me resulta incómodo porque no sé enfrentarme a ello. En la mayoría de casos de obesidad que me he encontrado, principalmente en mujeres, había pavor a adelgazar por miedo a que los hombres pudieran fijarse en ellas. En estos casos, siempre subyacía un episodio traumático vivido en la infancia o adolescencia que todavía no se había superado. La conclusión a la que llegaban esas personas es que si no tenían un cuerpo bonito, seguramente no volverían a sufrir lo que padecieron en su momento”.

“No tengo tiempo. No tengo dinero”

¿Qué se esconde tras estas dos frases? Para Pino también existe un problema de raíz. “La expresión no tengo tiempo, por ejemplo, demuestra que uno no prioriza en sus necesidades sino en las de los demás. Esto ocurre principalmente en mujeres que tienen marido, hijos, un trabajo diario y una casa que tirar adelante. Anteponen todo lo demás y ellas son el último escalón. Además en este caso puede existir también cierto sentimiento de culpa en el sentido de que si priorizo en mí puedo estar desatendiendo otras cuestiones o tareas importantes. La culpa es una emoción muy pesada y si no se trabaja adecuadamente, esa persona nunca tendrá tiempo para dedicarse a sí misma. En realidad, las personas que lo viven de esta forma no son conscientes que se pueden ocupar mucho mejor del resto, si ellas están bien”.

“Me da pereza. Estoy cansado”

Es otra de las excusas típicas que se suele escuchar entre las personas que no acuden a un gimnasio. Nuevamente, detrás de estas palabras, se encuentra una explicación. “Aunque cada persona es un mundo y habría que analizar sus circunstancia, detrás de una frase de este tipo”, argumenta Sandra, “podría hacerse una lectura también psicológica. En este caso, podríamos encontrarnos con personas con falta de autoestima que no confían en sus posibilidades y lo que pueden conseguir”.

Cómo superar las barreras psicológicas

Toda barrera psicológica tiene que ir superándose progresivamente. Lo importante es encontrar el trasfondo que hay detrás de todas esas excusas y ponerse a trabajar. “Si se va psicológicamente al problema entonces sí que hay solución porque es cuando la persona se da cuenta de la espiral en la que está metida. Una vez detectado, hay que reeducar todo el sistema de pensamiento para que se pueda finalmente afrontar el reto de ir al gimnasio. La llave o secreto, en última instancia, es traer el problema a un plano consciente, darse cuenta de él y paulatinamente ir liberándolo”, comenta Sandra.

El consejo, en estos casos, es ir siempre acompañado durante todo el proceso por un profesional que pueda ir suministrándole a la persona las herramientas necesarias para que, poco a poco, supere el problema. “Hay que ponerse pequeños objetivos que nos lleven a nuestra gran meta”, concluye.

 

Más información: www.sandrapino.es


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