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Evitaremos lesiones y abandonos del ejercicio físico

Cómo estudiar y preparar nuestro cuerpo antes de entrenar

Cómo estudiar y preparar nuestro cuerpo antes de entrenar 2

Las cicatrices, roturas o rigideces hacen que la movilidad de los tejidos no sea la normal.

(17-1-2020). Hay que preparar al cuerpo antes del entrenamiento. Pero no se trata de hacer un calentamiento, sino de detectar las pequeñas asimetrías, las marcas de los hábitos de trabajo, las cicatrices o recuerdos de antiguas lesiones y corregirlas o ‘reodenarlas’. El doctor Santiago Jacomet nos explica cómo hacerlo.

Cuando se inicia un nuevo año miles de personas se apuntan al gimnasio como un proyecto de año nuevo de llevar una vida más activa y saludable. Pero, poco tiempo después, se desencantan y abandonan. En parte, las bajas se deben a que los clientes no obtienen los resultados que esperaban obtener y, en el peor de los casos, a lesiones o dolores debidos al entrenamiento. El cliente no sigue en el club porque no tiene beneficios físicos, entre otras cosas”, asegura el Doctor en Medicina y Director Académico de Orthos, Santiago Jacomet.

Santiago Jacomet es Médico y Director Académico de Orthos.

“Uno de los motivos por los que esto puede ser así”, añade, “es que no se prepara a las personas para el esfuerzo físico que va a realizar. Si mejoramos los resultados que obtienen los clientes al preparar su cuerpo para los esfuerzos a los que se va a someter, seguramente permanecerán más tiempo como abonados.

Preparar antes de entrenar

Hay que preparar al cuerpo antes del entrenamiento. Y no se trata de hacer el calentamiento que todos conocemos. Hay que detectar las pequeñas asimetrías, las marcas de los hábitos de trabajo, las “cicatrices o recuerdos de antiguas lesiones y corregirlas o ‘reodenarlas’ antes de empezar a entrenar, afirma el Doctor.

En primer lugar, todos tenemos un lado dominante, zurdo o diestro, con una longitud y tamaño diferentes para las extremidades. Usamos más el ratón del ordenador con la derecha porque somos diestros o la cadera izquierda está más alta porque esa pierna es más larga. Es nuestra naturaleza y somos así. La distribución de las cargas por nuestro cuerpo no será simétrica.

En segundo lugar, nuestro trabajo o modo de vida nos obliga a una serie de posiciones estáticas (sentados o de pie) o repetitivas que sobrecargan y deforman determinadas zonas del cuerpo. Al estar sentados se acortan los isquiotibiales, los pectorales menores y los músculos de la nuca y se debilitan los músculos del Core y los fijadores de la escápula.

Por último, todos tenemos un historial de enfermedades, lesiones e intervenciones que han dejado huella en nuestro cuerpo. Las cicatrices, roturas o rigideces hacen que la movilidad de los tejidos no sea la normal. Por ejemplo, si tuvimos una rotura de ligamento cruzado y nos operaron, la rodilla operada perderá movilidad respecto a la que no ha tenido lesión.

La sobrecarga de entrenamiento sobre zonas disfuncionales

Santiago Jacomet prosigue explicando que “el ejercicio es la realización de una serie de gestos repetitivos con el objetivo de mejorar la condición física de la persona. La repetición es una de las formas de la carga y forma parte del estímulo para lograr la mejora de la forma física”.

Por ejemplo, al correr, al nadar o levantar pesos estamos haciendo un movimiento que sirve para entrenar pero que también sobrecarga al cuerpo. Esas cargas se reparten por todo el organismo que absorbe la energía del impacto contra el cuerpo.

Si las cargas se aplican a estructuras que no están sanas, el efecto puede ser el contrario del que buscamos.

Las asimetrías, restricciones y otras alteraciones de los tejidos hacen que las cargas de las que estamos hablando no se repartan de forma adecuada. Se impacta sobre zonas que están debilitadas o mal organizadas para ‘acoger’ esos impactos. En definitiva, las cargas repetidas en personas que no tienen un sistema de ‘amortiguación’ en buen estado pueden causar lesiones o, al menos, poco o ningún efecto sobre el entrenamiento.

Por ejemplo, una persona con la cicatriz de una operación de apéndice puede rotar más hacia la derecha que hacia la izquierda. El ejercicio que haga esa persona tendrá más impactos en el lado de la cicatriz que en el contrario. Ese ejercicio mantenido a lo largo del tiempo hará que la limitación sea cada vez mayor. Puede que ese ejercicio produzca desviaciones de la columna, mayor apoyo sobre una cadera o problemas en las rodillas y tobillos. Las cargas repetidas sobre una estructura débil o asimétrica producen mayor debilidad y asimetría.

Corregir antes de entrenar

Jacomet advierte que el entrenamiento debe ser un beneficio para la persona. “Si por cualquier motivo, las cargas se aplican a estructuras que no están sanas, el efecto puede ser el contrario del que buscamos”.

Para evitarlo, antes de entrenar, el técnico debe testear la funcionalidad del usuario, asegurarse de que todas las partes, musculares y esqueléticas están correctamente alineadas y tiene un movimiento amplio y simétrico.

Si se detecta que algún músculo está contracturado o alguna articulación no tiene suficiente movilidad, el técnico deberá estirar o deshacer los problemas que encuentre. Puede usar técnicas de estiramiento, masajes, manipulaciones o técnicas de activación muscular. El cuerpo debe quedar en correcto estado de estabilidad y movilidad.

“Es posible que algunas de las técnicas correctivas no se puedan usar por parte de los técnicos. Los entrenadores personales tienen más oportunidad para realizar este tipo de correcciones. El problema puede ser que algunas de estas técnicas correctivas sean muy especializadas o requieran capacitaciones de alto nivel. En Orthos hemos desarrollado un curso que es el de más alto nivel de la escuela. Es el curso de Prehabilite que responde a la filosofía de trabajo que se expresa en la idea de ‘prepare to move’. En definitiva, preparar el cuerpo antes de entrenar”, recomienda Santiago Jacomet.


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