Patin a Vela

Tomaron parte 12 navegantes de patín a vela de Sant Salvador y Calafell

Una travesía termina con un patinista en el hospital y dos mástiles dañados

Un velero francés rescata a los dos navegantes náufragos

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Grupo de expedicionarios que tomaron parte en la travesía en patín a vela desde Calafell hasta Bará. En el extremo izquierdo, Jordi Ballvé y en el extremo derecho, Albert Ventosa.

(5-10-2022). Una travesía de 12 patines a vela desde Calafell hasta un chiringuito de Bará para tomar una paella el sábado de la semana pasada culminó, en el tramo de regreso, con dos embarcaciones volcadas, sus mástiles dañados y uno de los patrones en el hospital.

Las travesías patinistas tienen tirón en el litoral comprendido entre Calafell y Sant Salvador. Su atractivo sigue siendo todavía mayor que el de las regatas, aunque desde este verano la ‘balanza’ ha empezado a equilibrarse paulatinamente a raíz de las regatas dominicales impulsadas por el Club de Mar Calafell.

La Associació Pati Català de Sant Salvador promovió para el pasado sabado, 1 de octubre, una travesía hasta el chiringuito Twin Fin ubicado en Bará poco antes del puerto deportivo de Roda de Bará donde los participantes degustarian varias tapas y una paella. En cierto modo, la iniciativa podia considerarse como la guinda final de esta temporada estival patinista 2022 que ha sido la más dinámica en dicho litoral desde comienzos de siglo. A cinco patinistas de Calafell les gustó la propuesta y se sumaron a la misma, a la cual ya se habían apuntado siete patinistas de Sant Salvador. En total, pues, doce patines a vela ‘apostolando’ su atractivo por ese tramo del litoral de la Costa Dorada.

La travesía no era larga. Tanto el trayecto de ida como el de vuelta podían tener una duración de poco más de una hora aproximadamente con viento suave pero que podía convertirse en unos 40-45 minutos si soplaba un viento vivo.

ESTUPENDA CEÑIDA A LA IDA

La ida fue estupenda. Brillaba el sol y soplaba un viento de garbi de unos 8-9 nudos que supuso ir de ceñida haciendo bordos cerca de costa para evitar la corriente en contra. El primero en llegar a destino fue Eduardo Sánchez Villavecchia, presidente de la Asociacio Pati Catala Sant Salvador, que tardó unos 40 minutos en cubrir el trayecto.

Jordi Ballvé, patinista de la Associació Patí Català Calafell.

El grueso de la flota, entre los cuales también figuraba el presidente de la Associacio Pati Catala de Calafell, Pere Bertran, invirtió unos 45-50 minutos.

Uno de los ‘expedicionarios’, el calafellense, Jordi Ballvé, necesitó bastante más, llegando a invertir cerca de una hora y media a pesar de que el viento había ido subiendo estabilizándose en los nueve nudos. El patinista fue recibido con vítores a su llegada a la playa y él se mostró satisfecho del periplo realizado pues, según reconoció, “caramba, soplaba fuerte, no?”

TAPAS, PAELLA Y RISAS

La comida fue de las cocidas a fuego lento: una cocina con un solo fuego para cuatro paellas no permite prisas. Las cervezas, las patatas bravas, los tacos y los originales y deliciosos bocadillos de calamares del chiringuito Twin Fin, sin embargo, ayudaron a hacer más llevadera la espera.

Tras las paellas (muy buenas, por cierto) llegaron los postres: variedad de helados industriales que permitieron evocar veranos de niñez. Y todo ello, ‘regado’ con anécdotas de todas las temáticas, muchas risas, cafés y, finalmente, unos chupitos para rematar la comida y ‘entrar en calor’ para afrontar el trayecto de regreso.

Los patinistas se despidieron agradecidos del dueño del chiringuito Twin Fin por la comida y sus atenciones y se dirigieron a los patines, situados a la vera del mar. Tras aparejar los patines, llegó la hora de la foto conmemorativa. La hizo un turista algo barrigón que portaba la mínima expresión de un tanga negro.

REGRESO, EN POPA

Y tras la ‘foto para la historia’, llegó la hora de hacerse a la mar. Continuaba soplando el garbí de la mañana pero había subido hasta los 11 nudos, con alguna racha de doce nudos. Desde tierra se apreciaba que el oleaje había ganado volumen y vigor. El regreso sería, por tanto, de empopada y habría que estar atento a aquel oleaje porque bien cogido permitiría unas surfeadas fantásticas, pero mal cogido podía provocar una trasluchada inesperada y el consiguiente vuelco. Además, la dirección del viento permitía no alejarse demasiado de Costa, aunque algunos previsores no dudaron en ganar distancia en relación a tierra para salvaguardar su mástil por si venían maldadas y se producía la indeseada volcada.

Los ‘expedicionarios’ zarparon con sus patines a las 16,30 horas. Hasta el puerto de Coma-ruga, el grueso de la flota navegó con velocidad y controlando los efectos de las guiñadas que provocaban las olas de vez en cuando en el gobierno del patín. Había que estar muy atento y simultanear la observación de las proas, para evitar una clavada en las orzadas, y de la vela, por sí en una arribada, ésta mostraba indicios de trasluchada.

La mayoría evitó las clavadas de proas y supo atemperar con destreza las trasluchadas.

Sin embargo, dos de los patinistas, no.

DOS ‘EXPEDICIONARIOS’ VUELCAN

Fue el caso de los calafellenses Albert Ventosa y Jordi Ballvé. Ventosa es un patrón de unos 60 kilos de peso que ya acumula horas de navegación, numerosas travesías y algunas regatas pero, como él mismo ha reconocido, “el patín me hizo una guiñada a sotavento, me trasluchó la vela y no fui lo bastante rápido para irme a barlovento para compensar la escorada y evitar la volcada”. Ventosa fue el primero en ponerse su ‘Cannabis’ por sombrero. Le sucedió cuando apenas habían transcurrido unos diez minutos de su salida de la playa de Bará.

Por su parte, Jordi Ballvé, un patinista con más entusiasmo por el patín que pericia, seria ‘víctima’ del mismo fenómeno algo después, cuando ya visualizaba próxima la escollera del puerto de Coma-ruga. Según ha descrito, “de repente, noté que el patín giraba sobre sí mismo, escoró brutalmente y volcó”.

Tras la volcada, ambos patrones intentaron reaccionar rápido para evitar que su respectivo patín se pusiera boca abajo (en ‘chocolatera’). Sin embargo, ninguno de los dos lo consiguió.

Pese a que el grueso de la flota prosiguió en su navegada de regreso hacia Sant Salvador o Calafell, el patinista de Sant Salvador, Víctor Arnau, vio el percance sufrido por Albert Ventosa, el primero que había volcado. Arnau se acercó hasta Ventosa y le propuso ayudarle. “Bajaré la vela de mi patín y te ayudo a enderezar el patín”, le dijo. Ventosa rehusó la propuesta y le sugirió que intentara conseguir ayuda de otro patinista “pues no vi claro que dejar un barco a la deriva con la vela bajada, el viento que soplaba y las olas que había pudiera mejorar el escenario”.

“FALTAN DOS PATINISTAS DE CALAFELL”

Hacia las seis de la tarde se constató que, mientras a Sant Salvador habían llegado los siete patinistas que habían salido de allí, a Calafell sólo habían llegado tres de los cinco patines expedicionarios.

Desde Sant Salvador, el presidente de la Associacio Pati Català, Eduardo Sánchez Villavecchia, alertó a Salvamento Marítimo de que dos patines habían volcado y debían estar por las cercanías del puerto de Comarruga.

Por su parte, el presidente de la Asociacio Pati Catala de Calafell, Pere Bertran, conseguía contactar por teléfono con Jordi Ballvé y le avisaba que no sufriera, que sería recatado.

ESFUERZOS PARA DESVOLCAR

Tanto Ventosa como Ballvé continuaron haciendo esfuerzos por enderezar en solitario sus respectivos patines. Ventosa, que había volcado con su ‘Cannabis’ más cerca de tierra, se sentía preocupado porque el palo no tocara el fondo marino y se rompiera.

Ballvé, por su parte, constató que se le había roto uno de los obenques pero siguió haciendo esfuerzos por conseguir desvolcarlo aunque sin otro resultado que ir aumentando su cansancio y preocupación porque la ayuda que debía llegar no llegaba.

REHUSO DEL RESCATE

Albert Ventosa, patron del patín a vela ‘Cannabis’ y miembro de la Associació Patí Català Calafell.

Hasta el otro patín volcado, el ‘Canabis’ de Albert Ventosa, llegó una barca del puerto de Coma-ruga para rescatarlo. Ventosa al ver que el patrón de la barca iba solo insistió en que él necesitaba desbolcar el patín y que sin más ayuda sería difícil lograrlo. Le indicó al patrón de la barca que ya había convenido con otro patinista que aquél regresaría con otro patinista para ayudarle y rehusó la ayuda.

Y mientras, el otro volcado, Jordi Ballvé, seguía esperando la ayuda anunciada pero constatando con preocupación creciente y ánimo decadente que hasta donde estaba él no llegaba nadie.

Por su parte, Albert Ventosa recibía una tercera visita de ayuda. Era su primo, veraneante en Bará, cuya mujer había visto, desde la terraza de su casa con unos prismáticos, que Ventosa estaba en apuros en el mar, y decidió ir al puerto de Coma-ruga para salir con su pequeño velero a rescatar al patinista. Ventosa y su primo estuvieron evaluando cómo aprovechar la situación pero Ventosa continuó insistiendo en salvaguardar su embarcación, en especial el mástil, por lo cual debía conseguir desvolcar el patín para salvaguardar el mástil. En ese sentido, que su primo estuviera solo en el velero no ofrecía opciones de socorro posible. El primo de Ventosa optó por quedarse con su pequeño velero cerca del patín a vela de su primo para que éste se sintiera acompañado.

AYUDA DE UN VELERO FRANCÉS 

Jordi Ballvé no ha ocultado que “a medida que fue pasando el tiempo, me fui inquietando. Hacia frío. Me preocupaba que el sol fuera cayendo y que nadie llegara a rescatarme…”.

Sin embargo, finalmente, divisó un velero que iba a motor y empezó a llamarlo moviendo los brazos y gritando. El patrón del velero acabó divisándole y puso proa hacia él.

Según narra Ballve, “cuando llegó hasta mí, supe que el patrón era francés. Me preguntó si debía salvarme a mí o al patín. Le respondí que a los dos; luego me pidió la medida del mástil. Yo estaba ya tan cansado y con una ‘pájara’ en la cabeza tan descomunal que le dije la barbaridad de 12 metros… Intentamos desvolcar el patín con la ayuda de un cabo que me lanzó. No lo logramos. A causa de ello, optamos por iniciar el remolque del patín boca abajo hacia tierra y arrastrando palo y vela; y, tras el ‘convoy’, me situé yo: dentro del agua, aferrado a la escota del patín, ejerciendo de ‘vagón escoba’, e intentando mantener la boca cerrada para no tragar el agua que se me precipitaba insistentemente sobre la cara”.

Según añade Ballvé, “el patrón del velero francés acercó todo el ‘tren’ que remolcaba hasta el espigón del Club Náutico de Coma-ruga. Él no podía acercarse más a tierra por falta de calado. Cuando estuvimos allí llamó la atención de tres surfistas que estaban en aquella zona (un padre con sus dos hijos) para que me ayudaran a llegar a tierra. Me subí en la tabla de uno de los hijos, mientras el padre iba a mi lado con la suya y sus hijos se ocupaban del patín. Cuando finalmente llegué a tierra, estaba exhausto y el patín entero. Sin embargo, el mástil estaba destrozado y la vela algo maltrecha”.

SEGUNDO RESCATE

Mientras en la playa de la riera de Coma-ruga, el padre surfista llamaba a una ambulancia para que atendiera a Jordi Ballvé, el patrón del velero francés descubrió el ‘Cannabis’ volcado de Albert Ventosa y se dirigió hacia él.

Cuando el navegante francés llegó hasta Ventosa, éste le reiteró su deseo de desvolcar el patín antes de iniciar cualquier otra acción.

En este caso, la ardua maniobra realizada con la ayuda del motor del velero francés y un cabo, sí fue factible.

Sin embargo, una vez el patín estuvo desbolcado, se descubrió que el mástil del ‘Cannabis’ se había salido del pivote de la bancada de proa y que era imposible volver a arbolarlo en medio de los embates del oleaje.

Con gran esfuerzo, Albert Ventosa colocó tan bien como pudo el palo y la vela sobre la cubierta del patín. Tras ello, amarró a su embarcación el cabo de remolque que le había largado el navegante francés y emprendieron el remolque en dirección al puerto deportivo de Roda de Bará.

PLAYA SÍ, PUERTO NO

Una vez llegados ante su bocana, Ventosa consideró que el puerto no era el mejor emplazamiento para varar su ‘Canabis’. “El patín no lleva defensas para ponerlo al lado de otro barco”, ha argumentado. A raíz de ello, solicitó al navegante del velero galo que lo acercase hasta la playa que hay tras el puerto.

La lancha de salvamento Marítimo que, finalmente llegó entonces, fue testigo, junto al patrón del velero francés, de cómo Ventosa sorteaba a remo los embates de las olas que parecían querer estamparlo contra la escollera posterior del puerto y, finalmente, logró llegar a la playa que se habia fijado como destino.

HIPOTERMIA

Durante todo el proceso de rescate del ‘Cannabis’ de Albert Ventosa, en la playa de la riera de Coma-ruga, Jordi Ballvé era atendido por el médico de la ambulancia que había hecho venir el surfista que lo socorrió y le ayudó a llegar a tierra. Ballvé reconoce que “en aquel momento estaba ido. Tenía frío, mucho. Incluso le dije al médico de la ambulancia que no se preocupara, que estaba bien, que tan pronto como se me quitara el frío gracias a las mantas que me había facilitado, cogía la andanta y volvía a Calafell caminando por la playa. Él me miró incrédulo. Le aseguré que el mal trago pasado lo superaba con una buena sopa y durmiendo. Le añadí que si me quería acompañar con la ambulancia a casa para ahorrarme la caminata se lo agradecería”.

Ballvé asegura que no olvidará nunca la mirada del médico. Tras decirle éste que “esto es una ambulancia, no un taxi”, el patinista explica que el médico le puso un termómetro y cuando, poco después lo extrajo, le dijo sin opción a réplica: “tienes el cuerpo a 33 grados. Tienes una hipotermia, que aunque de grado leve, implica que te llevo al hospital”.

Ballvé accedió sin rechistar. En el hospital le aplicaron, según comenta, “todo el protocolo del náufrago”. Estuvo allí hasta las once de la noche.

UN DETERMINANTE ANTES Y DESPUÉS 

Tanto el ‘Cannabis’ de Albert Ventosa como el patín de Jordi Ballvé ya duermen en el varadero de la Asociació Pati Català Calafell. Los dos patinistas reconocen que ese 1 de octubre quedará gravado en su memoria. Ninguno de los dos tiene previsto dejar de navegar en patín, pero ambos coinciden en admitir que aquella larga tarde del 1 de octubre ha marcado “un determinante antes y después” en su manera de afrontar nuevas travesías.

Para el resto de expedicionarios de aquella travesía festiva, lo sucedido aquel 1 de octubre de este 2022 también ha supuesto una importante lección: la gestión de aquel regreso fue el perfecto ejemplo de cómo no debe gestionarse la navegación de una flota en la que el nivel de destreza de sus integrantes no es homogéneo y tampoco el estado de las embarcaciones.

Si la historia no tuvo peores consecuencias fue gracias al providencial socorro que les brindó el patrón de aquel velero francés. Un ‘ángel de la guarda’ al que los dos patinistas náufragos agradecieron su rescate, pero cuyo barco e identidad han quedado en el anonimato pues ninguno de la dos patinistas ha sido capaz de recordar cómo se llamaba la embarcación ni tampoco le preguntaron a su patrón cuál era su nombre.

Sin duda lo mejor de aquella tarde del 1 de octubre fue el socorro de aquel navegante francés. El patrón demostró eficiencia en sus actuaciones de salvamento, así como empatía con los rescatados.

RECOMENDACIONES PARA TRAVESÍAS 

Los integrantes de la expedición, sin embargo, también aprendimos una serie de cuestiones que es relevante especificar en torno a la organización de travesías náuticas ‘amateurs’, esto es, sin los recursos que acostumbran a haber en las regatas y que, ante el aumento de ‘patinistas paseantes’ que se está registrando actualmente en la clase patín a vela, conviene tomar en consideración.

Accede a las recomendaciones para travesías náuticas en embarcaciones de vela ligera.


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