Patin a Vela

Con rachas de 30-35 nudos

Los ventarrones del Golfo de León fuerzan a Ignasi Sagristá a poner rizos

Desde el 23 de mayo se encuentra en el litoral francés

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UN METRO MENOS DE VELA. La vela que lleva Ignasi Sagristá permite ponerle rizos de modo que llega a suprimir desde el pujamen (parte inferior de la vela) casi dos paños de la vela. En la baluma, a la altura del logo de ‘dp’ se observa el subpuño de escota a utilizar una vez puestos los rizos. Según asegura Ignasi Sagrista, “con los rizos, la vela queda un metro más corta. Llega a desaparecer el logotipo de Fortvent situado en la parte más baja”.

(29-5-2019). Ignasi Sagristá continúa acumulando millas en su travesía desde Sant Pol de Mar hacia Itaca. Desde que entrara en el litoral francés el miércoles, 23 de mayo, el mistral no ha cesado. El navegante ya ha estrenado los rizos de su vela nueva realizada por Fortvent.

Es lunes, 27 de mayo. Son las 20,15 horas. No hace mucho rato que Ignasi Sagristá acaba de llegar a tierra. El tiempo de desmontar el patín, darse una ducha en la playa y acercarse a una cabaña a ‘investigar’ si podrá cenar ahí. Cuando descuelga el teléfono me reconoce que “todavía no sé donde estoy. Luego lo miraré en el gps del teléfono”.

Tras concluir la llamada descubrirá que se encuentra en la localidad francesa de Leucate, situada en el departamento del Aude, en la región administrativa de Languedoc-Rosellón y la región natural de Corbières. Una villa en la que el ejército de las Españas fue derrotado por el de Francia en 1.637, tras dos días de batalla y perder 1.500 hombres y los supervivientes salir huyendo despavoridos.

MISTRALAZO

Pero Ignasi Sagristá hoy no está para batallas memorables. Acaba de cubrir once millas en dos horas desde Canet de Rosselló navegando con un mistral muy fuerte en el que en algún momento las rachas han alcanzado los 35 nudos.

Ha reemprendido la travesía por la tarde. Durante la mañana ha estado dilucidando si salir o no. Es pasado fin de semana estuvo en Canet de Rosselló esperando que el viento amainara. El recuerdo de la experiencia del jueves, 23 de mayo, navegando desde Llançà hasta Sant Ciprià de Rosselló, no resulta un buen estimulante, sino que más bien ejerce una importante incidencia disuasoria. Según evoca Sagristá, “salí de Llançà con una brisa suave estupenda que me venía por la aleta. El parte era bueno. El mar estaba muy plano Sin embargo, a medida que fui avanzando hacia el norte, el viento (mistral) empezó a subir y a subir y el patín fue cogiendo más y más velocidad. Creo que nunca había corrido tanto en patín. Como, además el viento venía muy de tierra, el mar continuaba sin levantarse. Pero los vientos de tierra se caracterizan por ser muy racheados. La verdad, no se a cuanto ascendían las puntas pero reconozco que pasé miedo. Sentí que me faltaba experiencia. Temía romper algo. O volcar. Y desconozco qué pasará si eso sucede, si seré capaz o no de desvolcarlo. Llevo bastante peso en el interior de ambos flotadores y no sé qué pasaría. Total, que tuve que extremar la cautela para no volcar y, al final, llegué a Sant Ciprià de Rosselló”.

Aquella etapa fue de 21 millas y tardó cuatro horas en cubrirlas. Sin embargo, el susto (o sustos) perduraron hasta el extremo de que, al día siguiente, no habría salido si no se hubiera visto obligado a hacerlo porque en el club donde había varado la noche anterior le dijeron que debía dejar libre la zona pues iba a celebrarse una competición y necesitaban todo el espacio. Con el miedo todavía metido en la piel salió de Sant Ciprià y navegó hacia el norte, nuevamente con ventarrón, pero sólo media hora, lo justo para llegar a Canet de Rosselló. Había recorrido cuatro millas. Fue la etapa más corta de las siete realizadas hasta entonces.

Al cumplirse una semana de su salida de Sant Pol de Mar, decidió que el sábado y el domingo los dedicaría a descansar y a esperar que el viento amainara.

LLAMADA A DÍDAC COSTA

El domingo aprovechó para llamar a Dídac Costa, a quien conoció en febrero pasado a instancias de Rafel Figuerola que organizó un encuentro ‘a tres bandas’ en el Club Patí Vela Barcelona. El regatista transoceánico, que realizó en solitario la Vendée Globe de 2016 y anteriormente (en septiembre y octubre de 2013) con su amigo Pol Riera, hicieron una travesía en patín a vela desde Palamós hasta San Lorenzo il Mare (Italia), le tranquilizó. Sagristá explica que le llamó “porque necesitaba saber a partir de qué intensidad de viento debía poner los rizos de la vela y hasta que intensidad maxima de viento los rizos me permitirían navegar con control”.

Sagristá destaca que las explicaciones de Costa “me tranquilizaron y orientaron mucho”. Hay que recordar que el hecho de que el patron del ‘Akal’ haya emprendido su viaje a Itaca con una vela con rizos fue un consejo que le dio el propio Dídac Costa a partir de sus experiencias como navegante transoceánico, así como de su recuerdos de la citada travesía Cataluña-Italia realizada a finales del verano de 2013.

Tras el debut del lunes con los rizos puestos a la vela, Sagristá aseguraba que “no habría podido navegar con una vela convencional. En cambio con los rizos puestos he sentido que navegaba con mucho mayor control que el jueves pasado”. 

Pese a ello, el navegante ha reconocido no haberse podido quitar de encima del todo la sensación de miedo. “Lo de volcar mi tiene inquieto y confieso que navegando con estos ventarrones tan intensos y racheados no se disfruta”.

El patrón del ‘Akal’ admite que “en circunstancias como éstas descubres el efecto psicológico adverso que ejerce navegar solo, sin otro compañero, no ya en el barco, sino cerca, con otro patín. Descubres que estás completamente sólo y toca apretar los dientes cuando sopla la racha y no dormirse con la escota para soltarla a tiempo”.

Para pasar página de aquel recuerdo inquietante le pregunto sobre su visita a sus antiguos amigos y compañeros del Club Náutico L’Escala. Allí fue donde Ignasi Sagristá aprendió a navegar en láser. “Uf! Fue hacia finales de 2008 o 2009 y, desde entonces, no había vuelto!” se exclama. El encuentro con los responsables de aquella escuela de vela fue el martes, 21 de mayo. Aquel día hizo, como comenta jocoso en su blog, “escala en la Escala”. Me reconoce que “aquella visita a L’Escala fue una especie de viaje a mis orígenes como navegante”.

SIN OBSESIÓN POR HACER MILLAS

Fuera de este encuentro con la gente de L’Escala y con unas amigas de su “época gironina”, desde que su periplo se está concentrando en el litoral francés la comunicabilidad ha descendido bastante. Sagristá reconoce que en alguna de las paradas que ha hecho en alguna escuela de vela francesa le han preguntado dónde va y han mostrado una leve curiosidad por el patín. “Tampoco mucha”, precisa. 

Él admite, no obstante, que “tampoco estoy para grandes conversaciones”. Asegura que lleva bien la soledad, que a pesar de los temores pasados en algunos momentos en el agua, se siente tranquilo y que no le ha entrado la “obsesión por hacer millas”. Añade que “voy a mi ritmo”. 

De todos modos, deja entrever que desconoce si le dará tiempo de coincidir con los ‘embajadores’ del patín a vela de Croacia y Eslovenia, Jordi Sanahuja y Roger Ventosa. “Me dijeron que estarán por Croacia hasta la segunda semana de julio. Luego se marcharán de vacaciones con sus familias. Confío llegar a tiempo pero tampoco voy a estresarme”.

Acabamos la conversación hablando sobre Goran Nyman, no en vano, Sagristá ha pasado los últimos años navegando en patín a vela en el Club Natación Badalona y Nyman es uno de los navegantes más reconocidos de la entidad. Le comento que le operaron del corazón la semana pasada y le explico que, por el momento, la evolución es positiva. “Me alegra mucho que vaya saliendo adelante” concluye.

Sigue la travesía de Ignasi Sagristá desde Sant Pol de Mar Hasta Ítaca a través de su blog.


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