Patin a Vela

Maria Martínez se embarcó por primera vez en 2014

Una patinista, primera oficial del Rainbow Warrior de Greenpeace

"El mar es una puerta a nuevas oportunidades"

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El próximo junio hará cinco años que María Martínez, primera oficial del Rainbow Warrior, se embarcó por primera vez en esta embarcación considerada el buque insignia de Greenpeace.

(13-3-2019). María Martínez (Barcelona, 1988) es una patinista esporádica que desde 2014 forma parte del cuerpo de oficiales del Rainbow Warrior, el buque insignia de la organización ecologista Greenpeace. Asegura que “el mar no es peligroso; quien lo convierte en peligroso son las personas”.

De pequeña, Maria Martínez no soñaba con ser capitana de barco. Sin embargo, reconoce que ya por aquel entonces le gustaba el mar y creía que navegando a través de él podría viajar y conocer nuevos lugares y gentes. Lo había comprobado a pequeña escala navegando de niña en Optimist en el Club Náutico de Sitges y, posteriormente, hacia los 12-14 años, haciendo sus primeros escarceos con el patín a vela senior de su madre, “sí, de mi madre, que había descubierto este tipo de embarcación en el Club Natación Barcelona y quedó tan entusiasmada que se compró uno”.

A pesar de esos indicios náuticos, Martínez inició estudios de arquitectura. Durante el primer curso, sin embargo, ya detectó que “aquello no era lo mío”. A raíz de aquel descubrimiento, “decidí parar a reflexionar. Recordé que siempre me había atraído viajar y mirando todas las carreras descubrí la de Náutica y la gran variedad de conocimientos que engloba me atrajo mucho”.

María Martínez inició al año siguiente los estudios de Náutica en la Universidad del País Vasco. Posteriormente, haría un máster en negocios y derecho marítimo por la Universidad de Deusto. Durante aquellos años de formación navegaría en el buque escuela de la universidad vasca, el Saltillo, un balandro de 21,94 metros de eslora, que fue empleado por Juan de Borbón para acudir a una reunión con Franco en el año 1948 y, tiempo más tarde, en 1954, con motivo de un crucero por las islas griegas, seria el escenario donde se conocerían los reyes eméritos, Juan Carlos y Sofía.

Me llamaron de Greenpeace preguntándome si podía embarcarme al día siguiente

Haber navegado en dicho buque escuela, así como las regatas en crucero por la costa vasca realizadas con amigos fueron méritos considerados por Greenpace en el año 2014 cuando, tras ver su currículum, la organización le llamó para que, literalmente, se embarcara al día siguiente como tercera oficial del único barco a vela de la organización, el Rainbow Warrior. Atrás quedaban los cerca de dos años de trabajo en barcos mercantes. “Allí también vi que lo de llevar carga de un sitio a otro tampoco era lo mío. A causa de ello también hice un alto para reflexionar y, finalmente, decidí que si volvía al mar sería porque, con mi trabajo, estaba aportando algo más que trasladar mercancías. Y así fue como, hablando con un amigo, éste me sugirió lo de Greenpeace. Les mandé mi curriculum y una semana después me llamaron preguntándome si podía embarcarme al día siguiente”.

El próximo mes de junio se cumplirá el quinto aniversario de aquella primera subida a bordo de María Martínez en el buque insignia de Greenpeace, el Rainbow Warrior. Desde hace un año y medio, es la primera oficial, de modo que por encima suyo solo tiene al capitán. Según precisa, “soy la única mujer primera oficial de Greenpeace y, asimismo, la primera oficial más joven de la organización”. Y aunque ejerza como tal, Martínez añade satisfecha que “ya tengo todos los años de navegación exigidos para actuar como capitana en cualquier tipo de embarcación”.

La primera oficial del Rainbow Warrior asegura que “me gusta mucho mi trabajo y a él le dedico muchas horas y esfuerzos”. Martínez pasa tres meses seguidos embarcada y los tres siguientes, de vacaciones. Ahora está de vacaciones.

El mar te enseña a no tener miedo de los cambios

Tu atracción por el mar ¿te viene de aquellas navegadas en Optimist de niña y en patín a vela, de adolescente?

No lo sé a ciencia cierta; tal vez, todo haya ayudado. Lo que sí sé es que siempre creí que navegar te permite conocer nuevas culturas, te pone a prueba. Navegar me ha ayudado a conocerme y a conocer otros mundos y gentes. Siempre digo que el mar es una puerta a nuevas oportunidades.

“EL PATIN ES MUY RECOMENDABLE”. María Martínez asegura que navegar en patín a vela le ha ayudado “a entender que formas parte del barco y que debes entenderte con él”. Según añade, “recomiendo a mucha gente que hace navegación oceánica a que hagan vela ligera porque ello ayuda a entender muy bien las razones por las cuales una embarcación navega”. La primera oficial del Rainbow Warrior de Greenpeace concluye al respecto que “navegar con el patín te ayuda a entender cuál es el viento real, cuál el relativo, como influye el calado…; en fin, el patín es una gran oportunidad para comprobar la teoría que se estudia en la Universidad”.

¿Llegas a hablar con el mar?

No. Y tampoco susurro a los delfines (ríe). Pero reconozco que me siento muy a gusto con el mar, con su ‘silencio’. Las guardias dan mucho tiempo para pensar y conocerte, ponerte a prueba y descubrir tus miedos y tus límites. El mar te enseña a escuchar, a no tener miedo de los cambios y a constatar que los cambios no son malos.

¿Cuáles son tus funciones como primera oficial del Rainbow Warrior?

Tengo la guardia de 4 a 8 de la mañana. Tras ella, organizo la cubierta. Buena parte de nuestro trabajo es atender a los medios de comunicación y reconozco que entre mis funciones también figura el escuchar a los miembros de la tripulación y resolver conflictos.

A veces, tengo la sensación de que el Rainbow Warrior es como un ‘gran hermano’ de tres meses

¿Conflictos?

La convivencia en un barco no es fácil. Aunque el barco es grande, el espacio es limitado y los periodos de convivencia no son cortos. A veces tengo la sensación (Ríe) de que el barco es, en cierto modo, como un ‘gran hermano’ de tres meses.

¿Cuántos sois de tripulación?

La tripulación regular es de unas 16 personas pero podemos llegar a ser 32. Con todo, habitualmente navegamos unas treinta de personas.

Desde que te contrató Greenpeace ¿siempre has navegado en el Rainbow Warrior o también has navegado en alguno de sus otros dos barcos?

Mi caso es un poco excepcional porque, efectivamente solo he navegado en el Rainbow Warrior. Ello se ha debido sobre todo a mi perfil pero no es lo habitual porque lo normal es que los equipos varíen y no descarto que me cambien en cualquier momento.

Cuando hablas de tu perfil ¿a que te refieres?

Bueno, no todo el mundo sabe navegar a vela y no a todo el mundo le gusta navegar a vela. El Rainbow Warrior es un barco que prácticamente siempre navega a vela. Eso y que el actual es el tercero porque el primero fue bombardeado en Nueva Zelanda en 1985 y el segundo, acabó siendo vendido para ser usado como hospital flotante por una organización humanitaria de Bangladesh, propicia que este tercer Rainbow Warrior sea un barco que ya en su construcción fue concebido como muy especial.

Háblanos del Rainbow Warrior

Tiene 58 metros de eslora por 11,3 metros de manga. El casco es de acero y la superestructura y los palos de aluminio. El buque desplaza casi 850 toneladas, que son empujadas a velocidades de 14 nudos por la fuerza del viento que actúa sobre las 5 velas que porta la embarcación.

¿Cuántos palos tiene el Rainbow Warrior?

Dos y éstos alcanzan los 55 metros de altura y están configurados en forma de A, lo que permite que las velas sean de mayor tamaño que las que podría portar un mástil convencional, sumando en total casi 1.300 metros cuadrados de superficie vélica.

 

‘BARCO VERDE’. En los casos en que las condiciones climáticas impidan navegar con la fuerza del viento, el Rainbow Warrior cuenta con una planta diésel-eléctrica de 300 kW con capacidad para propulsar el buque a 10 nudos. El calor producido por esta planta eléctrica se aprovecha para calentar el agua a bordo del buque. Tanques con capacidad para 59 metros cúbicos de aguas grises y negras evitan que tengan que ser vertidas al mar, pudiendo ser almacenadas para su reciclaje en tierra. Otras medidas que convierten al Rainbow Warrior en un ejemplo de “buque verde” son: Casco diseñado para reducir el consumo de combustible. Sistema de filtrado biológico para la limpieza y reciclado de aguas grises. Tratamiento de los gases de exhaustación para la minimización de las emisiones de NOx. Pinturas respetuosas con el medio ambiente.

 

¿Amas ese barco?

Si, no lo oculto. Es un sueño tener la oportunidad de trabajar en este barco. Es como mi segunda casa. En él he pasado la mitad de mi vida durante los casi cinco últimos años.

¿Con el tipo de acciones que desarrolláis, te has llegado a sentir alguna vez en peligro de muerte?

No. Aquí todo el mundo es muy profesional. Cuando acometemos acciones, éstas siempre siguen un proceso en el cual se evalúan todos los riesgos. Gracias a ello nunca me he sentido en peligro de muerte. La verdad es que me da más miedo ir sola por según qué calles.

Aunque tú estés de vacaciones ahora, ¿dónde está el Rainbow Warrior en estos momentos?

En Australia. Lleva allí unos dos meses. Australia es inmensa. Cuando navegas te das cuenta de cómo es de diferente la realidad de lo que te explican en la universidad.

Entre las acciones en las que has participado ¿ha habido alguna que te causara especial pena?

Recuerdo un viaje de Australia a Singapur. Durante aquella travesía, hicimos un tramo a más de 200 millas de la costa, en el que todo el mar estaba lleno de plásticos. La contaminación se le ha ido de las manos a la humanidad. Eso da mucha pena.

El mar no es peligroso en sí. Quien lo hace peligroso son las personas

¿Y en qué misión has sentido que algo de ella te suscitaba rabia?

En una de hace un año aproximadamente. Fue en una acción en contra de unas gabarras que transportaban carbón y faenaban en una zona protegida próxima a la isla de Karimunjawa, creando un gran riesgo de incendio. Los gobiernos ignoran que existe ese riesgo y aquello me generó mucha impotencia y, en consecuencia, mucha rabia.

Sin embargo, alguna acción te habrá reportado sentimientos de plenitud...

Sí. Una de las mejores campañas que hemos hecho fue cuando trabajamos, junto a otras organizaciones, en el transporte de materias primas para la población de Vanatu, tras haber sido devastada por un ciclón. Ayudar a alguien que lo necesita porque ha quedado incomunicado llena mucho y te reconforta.

¿Cuáles son las zonas marítimas más peligrosas para el trabajo que desarrolláis?

El mar no es peligroso en sí. Quien lo hace peligroso son las personas. Ahora la más peligrosa sería toda la costa cercana a Nigeria. Es una zona con mucha piratería y en la que existe un elevado riesgo de asalto, de robo e, incluso, de perder la vida. De todos modos, yo no he estado en aquella zona.

En Okinawa (Japón) nos tuvieron una hora en una comisaría interrogándonos

¿Ante riesgos de este tipo vais armados?

No, no llevamos armas ni seguridad extra. De todos modos, a nosotros nunca se nos ha subido nadie al barco. Todo el mundo sabe que nuestras protestas son pacíficas. No obstante, tomamos medidas como hacer guardias dobles, rodear el barco con un cable de protección que provoca que si alguien nos aborda no salga indemne. Todos los barcos tomamos medidas cuando navegamos por zonas peligrosas.

¿Cuáles serían los países que se muestran más hostiles ante vuestras acciones?

Hay países donde somos muy bien recibidos. Pero es verdad que existen compañías, empresas, que presionan a los gobiernos para que actúen en contra nuestra. Australia, por ejemplo, es un país con muchos intereses con la industria del carbón y nos ha costado mucho entrar en él. También Japón es un país que quiere tenernos bajo control. Recuerdo que en aquel país, concretamente en Okinawa, nos tuvieron una hora en una comisaría interrogándonos. No hubo violencia física pero sí intimidación.

Otro país donde hemos tenido problemas ha sido en Rusia. Allí, en el año 2012, la tripulación del Arctic Sunrise estuvo en prision dos meses tras ser acusada de piratería.

Finalmente, en China lo tenemos tan difícil que ya ni vamos.

Holanda siempre nos ha tratado muy bien

¿Y qué países os apoyan más?

Nuestros barcos llevan bandera holandesa. Holanda siempre nos ha tratado muy bien. Cuando las detenciones del Arctic Sunrise este país nos dio un gran apoyo.

¿Hasta cuándo tienes previsto seguir con Greenpeace?

Este es un trabajo muy vocacional. Cuando eso suceda, volveré a hacer un alto en el camino para pensarlo y decidiré. De todos modos, por el momento veo lejos el momento de dejarlo.

¿Como afronta tu familia y pareja tus largas ausencias?

Bien. Mi familia sabe que hago algo que me gusta y me hace feliz. De todos modos, sigue costando decirnos adiós cada vez que me embarco por tres meses. Suerte que ahora, con internet y skipe, las ausencias cada vez se llevan mejor.

En cuanto a mi pareja actual, él también navega y ahora, por casualidad, lo hace en el Rainbow Warrior. He tenido mucha suerte. Sobretodo porque entiende lo de las largas ausencias que conlleva esta profesión. No es muy normal que sea la mujer la que está fuera de casa tres meses.

El género del marino no tiene incidencia alguna sobre la capacidad de desempeñar bien el trabajo encomendado

Única primera oficial en Greenpace y la más joven con dicho cargo de la organización. ¿Eso te hace sentirte especial?

Soy consciente de la gran oportunidad profesional que he tenido. Aunque es cierto que el mundo maritimo es un universo que hasta ahora ha sido siempre muy masculino, tampoco soy la primera mujer que navega y estoy contenta de poder demostrar que el género del marino no tiene incidencia alguna sobre la capacidad de desempeñar bien el trabajo encomendado. Y pese a lo dicho, reconozco que mi padre y mi madre están más orgullosos de mi trabajo que yo misma.

Tres meses embarcada se deben hacer muy largos. ¿Qué echas especialmente de menos entonces?

Sitges. Mi casa. Los amigos. Navegar en patín porque hacerlo es como volver a la niñez… Recuerdo que cuando empecé a navegar profesionalmente la prioridad era conocer mundo pero ahora, el trabajo que hago me ha ayudado a valorar lo que tengo: Sitges, el clima, el Club… no todo el mundo tiene esa suerte. El Mediterráneo es muy bonito. Claro que muchas veces, cuando regreso a Sitges pienso en que no se cómo absorberemos este crecimiento urbanístico y demográfico, sin control que está viviendo.

¿Qué es lo que no falta nunca en tu equipaje cuando partes para embarcar en el Rainbow Warrior?

Chocolate. Tampoco los útiles de dibujar. En el barco cuesta mucho desconectar y dibujar me ayuda mucho.


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