RUNNING

El daño cardiaco en pruebas de largas distancias

“Correr maratones puede afectar nuestro corazón incluso estando sanos”

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El profesor universitario Daniel Cremades afirma que existen estudios que relacionan una práctica de ejercicio intensa y prolongada con daños cardiacos, pero remarca que "no hay que crear alarma".

(21-3-2018). Son muchos los corredores que se apuntan a un maratón sin ser conscientes de las consecuencias cardíacas que ello puede acarrear sobre su organismo. E incluso algunos de ellos corren varios maratones al año. Pero es necesario incidir y apuntar que este tipo de sobreesfuerzos tienen unas secuelas en nuestro músculo más importante: el corazón.

Es por ello que hemos contactado con el profesor universitario Daniel Cremades, que coordinada varios estudios sobre la materia en el Departamento de Fisiatría y Enfermería de la Facultad de Ciencias de la Salud y del Deporte de la Universidad de Zaragoza. De hecho, forma parte del grupo de investigación UNEVAF (Unidad de Estudio y Evaluación de la Actividad Física).

Varios estudios recientes han puesto de manifiesto y alertado que “el ejercicio de muy alta intensidad y/o de muy larga duración, implica un posible daño cardiaco” admite en primer lugar Cremades. Con ello, no quiere alarmar a los centenares de corredores y corredoras que afrontan, anualmente, el reto de correr la prueba mítica de los 42.195 metros. Eso sí, “hay que ser conscientes de los riesgos que implica una práctica excesiva, sin la suficiente preparación y experiencia”. Una práctica que, de hecho, sigue argumentando el experto, “puede afectar a la salud de nuestro corazón, aunque estemos perfectamente sanos”.

Hay que ser conscientes de los riesgos que implica una práctica excesiva, sin la suficiente preparación y experiencia

La enzima CPK, la predictora del infarto

Toda este serie de estudios se fundamentan en analizar la alteración de los biomarcadores cardiacos al finalizar diferentes tipos de pruebas deportivas. Y, según nos relata Cremades, “la mayor parte de estas investigaciones analizan la enzima CPK y, más en concreto, su isoenzima CK-MB, propia del músculo cardiaco”. La CK es una enzima, una molécula de naturaleza proteica, que se encuentra en el músculo estriado, tanto esquelético como miocárdico y en el cerebro, y que se suele usar para “predecir el infarto”. Y su proporción varía según el tejido considerado. El incremento plasmático de CK “se utiliza como indicador precoz de daño y fatiga muscular”. Es decir, “si hay lesión del músculo, hay más CK en sangre”. Así pues, “ejercicios de larga duración (aunque no sean de gran intensidad) y aquellos que implican a grandes grupos musculares son los que reflejan mayores incrementos plasmáticos de CK”.

El profesor universitario Daniel Cremades coordina varios estudios sobre la materia en el Departamento de Fisiatría y Enfermería de la Facultado de Ciencias de la Salud y del Deporte de la Universidad de Zaragoza.

En situaciones normales (ajenas a lo deportivo), “la elevación de la CK en sangre, sin la determinación de sus isoenzimas, carece de especificidad”, admite. Es decir, desconocemos su origen. A pesar de ello, “ante el hallazgo de incremento plasmático de la CK total hay que pensar en rabdomiólisis, infarto agudo de miocardio, miopericarditis aguda u otras causas como cirugías recientes, puerperio, encefalitis o accidente cerebro vascular”. En este sentido, los valores en reposo de la enzima CPK se sitúan en torno a 30-40 unidades por litro (UI/L). Tal y como nos cuenta Cremades, “con el esfuerzo intenso esta cifra se eleva notablemente”. Pero, para tener un margen de referencia, a nivel científico que se considera que si este valor “está por encima de 300 UI/L, el esfuerzo ha sido excesivo”. Unos valores que, en el caso de CK-MB deberían ser menos al 6% de la enzima CPK (a priori, “un incremento de esta isoencima refleja una lesión miocárdica, aunque su falta de especificidad no descarta otras causas” aclara el experto). Por lo tanto, “el CK-MB total debería estar por debajo de 25 UI/L tras nuestra actividad de referencia”. Tras estos valores tipo, vamos a analizar la realidad. Esto es, al punto al que llegan muchos maratonianos y maratonianas tras haber completado esta distancia.

Sólo 3 de cada 10 corredores acaban dentro de los límites recomendables

Frente al ejercicio físico, “los niveles plasmáticos de CK y sus isoencimas, vienen determinados por la duración, intensidad y tipo de ejercicio, dando sus máximos valores varias horas después de realizado el esfuerzo”. Sus valores normales, tal y como comentábamos con anterioridad, “están alrededor de las 40-50 UI/L en hombres y 30-40 UI/L en mujeres, pudiendo alcanzar valores de 200 UI/L tras esfuerzos intensos, y considerándose por encima de 300 UI/L como un estado de sobreentrenamiento o síntoma de estar realizando esfuerzos intensos durante mucho tiempo”, deja claro el investigador. El grupo de investigación del que forma parte Daniel Cremades ha observado repetidamente “incrementos muy importantes de CPK tras una prueba deportiva popular”. El 72% de los corredores que llegaron a la línea de meta, “finalizaba con valores por encima de lo recomendado y un 7% por encima de 850 UI/L”. Por lo tanto, sólo 3 de cada 10 runners finishers de una prueba de larga duración, atendiendo a este estudio, estaban dentro de los valores normales.

Los triatletas y los corredores de larga distancia disparan los valores de CPK

Los mismos estudios realizados en triatletas, maratonianos y corredores de larga distancia “disparan mucho más estos números”, según nos describe el profesor de la Universidad de Zaragoza. En el caso de triatletas, “hemos observado valores que se encuentra en 1.836 UI/L”. Unas cifras que, en el caso de corredores de larga distancia aún se disparan mucho más. Daniel Cremades nos cuenta que “se han descrito hasta 43.700 UI/L tras una prueba de 100km”. Teniendo en cuenta estas estadísticas, “lo que parece claro, según los diferentes investigadores, es que el tipo de esfuerzo, la duración y especialmente la preparación física están en íntima relación con el daño muscular originado”. Cremades se muestra sorprendido que ante tal evidencia no haya más control y preparación para las pruebas de este tipo. Y es que “son datos que deberían encender una luz de alarma, puesto que si transformamos el dato porcentual a los miles de personas con nombre y apellidos que entran en esta estadística, la ciencia nos avisa de que quizá en algún momento acabemos pagando el peaje”.

La ciencia avisa de que quizás, en algún momento, acabemos pagando el peaje

Los peores casos se ven en corredores y corredoras de pruebas de 100 kilómetros

No obstante, dentro de este tipo de deportistas que ultra-pasan los biomarcadores cardíacos aceptables, Cremades cree que hay que hacer dos grupos divergentes. Los corredores de 42 kilómetros “muestran incrementos muy considerables de todos los biomarcadores cardicacos después de la prueba, y hasta 24 horas después de haber terminado esta actividad física extenuante y de larga duración, pero inferiores a los que hemos encontrado a los runners que corrían pruebas de 100km y 308km”.

Todos los maratonianos y maratonianas que participaron en el estudios no tenían síntomas previos de Infarto Agudo de Miocardio, y completaron al menos un maratón en el plazo de un año, por lo que, “el posible daño miocárdico sería reversible”. Por lo tanto, quiere dejar claro Cremades, “en personas sanas, no parece peligroso correr un maratón, ya que los valores basales se recuperan; de todas formas, es muy recomendable llevar a cabo controles médicos periódicos en situaciones de esfuerzo para descartar anomalías cardíacas”. Y lanza una advertencia: “si existe el más mínimo problema de salud cardíaca, correr un maratón lo agravará letalmente”. Analizando los diferentes valores, los científicos han concluido que “la distancia que comporta más riesgo de estas tres (las tres analizadas son el Maratón, una carrera de 100 kilómetros y otra de 308 kilómetros) es la de 100 kilómetros”. ¿Cuál es el motivo? Le preguntas a Cremades. “Pues ello se debe a que combina intensidad moderada y muy larga duración”. Dos variables que acaban siendo un golpe muy duro para nuestro músculo más importante, el corazón.

En personas sanas, no parece peligroso correr un maratón porque el daño miocárdico sería reversible

Conclusiones de los valores analizados

Atendiendo a los resultados de estos estudios, sus responsables argumentan que la fiebre por las carreras de larga distancia incrementa los “riesgos de sufrir algún tipo de enfermedad o dolencia cardíaca” y, lamentablemente, “la gran mayoría de los corredores y triatletas no están preparados para afrontarlos con seguridad”. Un aspecto a tener en cuenta es que el estudio realizado sólo apunta a este factor, pero hay que tener muy en cuenta que “el daño cardiaco es sólo uno de los parámetros que podemos analizar, pero habría que considerar el daño renal, el muscular o el articular” también como otras consecuencias de tomar parte en pruebas de este tipo de distancias.

Y el profesor Daniel Cremades hace un llamamiento a la cordura. “Debemos ser conscientes de que para afrontar esfuerzos de tal magnitud, como mínimo habría que atesorar 10 años de experiencia, asesoramiento profesional de entrenadores y controles médicos periódicos”. Unos requisitos que serían los mínimos, “para afrontar una prueba de tan alta exigencia”.


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