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Cómo cuidar los pies durante los meses de calor

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(22-5-2019). Con la llegada del calor y del buen tiempo, el calzado que llevamos también permuta. No obstante, tras meses y meses a buen recaudo, nuestros pies necesitan de una serie de cuidados básicos ahora que los vamos a dejar muchas horas a la intemperie, al albur del sol, el aire, la humedad y las altas temperaturas que nos acompañan durante las últimas semanas de primavera y los meses de verano.

Se acercan los meses del año más calurosos. Tiempo en el que nuestros pies suelen estar más expuestos al sol y a factores externos como la humedad o el calor.

Tras permanecer muchos meses con calcetines y protegidos por calzado, como si de una hibernación se tratara, salen de la cueva para entrar en contacto con la superficie del suelo. Es fundamental proteger la piel de nuestros pies para cuidarlos y evitar contraer infecciones o desarrollar patologías nada recomendables.

Hay que tener en cuenta que cualquier dolencia en nuestros pies puede tener una afectación directa sobre el funcionamiento del resto de nuestro cuerpo, ya que estas extremidades son la base de todo. Con la ayuda de los expertos del centro barcelonés Fisiogracia, hemos elaborado una serie de consejos fundamentales para cuidar nuestros pies en esta época.

Higiene y prevención de lesiones

En aras de prevenir cualquier lesión, es nuclear mantener una buena higiene de la base de nuestro cuerpo. Y es que en los meses de más calor es habitual sufrir rozaduras. Dejamos de usar la capa que suponen los calcetines y, por lo tanto, aumenta la fricción y roce de los pies con el material del calzado o con el mismo suelo (ya sea en la arena de la playa, o el césped de la piscina, por poner sólo un par de ejemplos habituales). Los primeros días, ante la falta de costumbre, podemos sufrir estas dolencias.

Llegado el caso, desde Fisiogracia nos aconsejan curar las heridas generadas y cambiar el posible calzado que nos haya causada el daño para evitar que éste se agrave y una simple rozadura pueda convertirse en ampolla. Si no hemos sido precavidos y ya tenemos una ampolla, nos recomiendan explotarla para evacuar el líquido y colocar povidona sobre la zona (se trata de un producto iodado empleado frecuentemente como desinfectante y antiséptico). Eso sí, importante, por encima de todo, es preciso no retirar la piel. Y es que ésta es el mejor apósito para proteger la zona dañada.

Tal y como hacemos durante el invierno en el caso de duchas públicas de gimnasios, sigue siendo aconsejable el uso de chanclas como barrera de protección en zonas húmedas o en lugares en los que, frecuentemente, se producen encharcamientos de agua. Piscinas, zonas comunes de vestuarios o espacios húmedos de campings pueden ser zonas especialmente sensibles de cara a contraer infecciones. Asimismo, los especialistas nos sugieren no compartir este calzado, ni tampoco la toalla para estar más seguros de ello. Tampoco deberíamos caminar descalzos sobre las moquetas de hoteles, zonas proclives a ser pasto de gérmenes.

La importancia de la protección solar

El uso de la crema solar es básica durante el verano. Untamos todo nuestro cuerpo con dicha crema para evitar los efectos negativos de los rayos solares. No obstante, dicho trabajo de protección es aún más importante en la zona de los pies, que –siguiendo con la metáfora de la hibernación- no ha visto el sol durante meses y meses. No deja de ser habitual volver a casa con una quemadura significativa en la zona del empeine tras el primer día de playa, con el consiguiente dolor y necesidad de hidratación imperiosa.

Desde Fisogracia nos lanzan un mensaje que incluso va más allá. También debemos poner crema solar en el dorso de los pies. Y es que esta franja también puede quemarse. Caminar por la arena en las horas centrales del día tampoco sería recomendable. Dicho sea de paso, no está de más tener cuidado cuando caminamos por la arena, sea la hora que sea, ya que podemos pisar sin querer objetivos olvidados que pueden hacernos daño.

¿Qué calzado debo llevar?

Está claro que los pies necesitan respirar, ya que también sufren el calor que notamos en el resto del cuerpo. De esta forma, está indicado el uso de calzado abierto y transpirable para el día a día, fabricado con materiales no agresivos para la piel. Cuando salgamos a correr, eso sí, debemos calzarnos nuestras zapatillas con calcetines que expulsen la humedad y nos eviten correr con los pies mojados. No hay que caer en el error de querer correr con zapatillas poco indicadas para ello so pretexto de mayor transpirabilidad.

El calzado veraniego debe ser de un tipo en el que nuestro pie se asiente de forma cómoda y esté bien sujeto, tanto en la parte delantera como posterior. Al mismo tiempo, no hay que caer en el error de usar las chanclas durante mucho tiempo, ya que nos generan inestabilidad y nuestro pie tiene una sujeción menor. Caminar todo el día con chanclas modifica, a la larga, nuestro patrón de la marcha, ya que tendimos a dar pasos más cortos y alteramos el funcionamiento del grupo muscular de la articulación inferior. Si usáis plantillas personalizadas, los técnicos sugieren adquirir modelos de verano con plantilla extraíble que permitan insertar la nuestra.

¿Cómo debo hidratar y secar mis pies?

Tras volver de la playa o tras salir de la ducha es preciso secar de forma concienzuda los pies. Esto incluye también la zona entre dedo y dedo, y entre los dedos y las uñas, algo que no muchas personas hacen. El objetivo esencial es eliminar del todo la humedad, que puede ser una fuente de infecciones. Tras este secado, debemos finalizar siempre de la misma forma: hidratar la base de nuestro cuerpo con una crema específica para pies. No sirve cualquier crema hidratante, sino que debemos adquirir una crema determinada.

Además de aplicarnos dicha crema en verano, no estaría de más adquirir este hábito durante todo el año. Es decir, hidratar nuestros pies con crema podológica recomendada diariamente, antes de ir a dormir. Por otra parte, tras pasar el día en la piscina o en la playa, no está de más –de hecho, es aconsejable- lavar bien nuestras chanclas como medida extra de higiene.

Además de tener en cuenta todos estos cuidados y consejos, desde Fisiogracia recuerdan la necesidad de realizar visitas periódicas al podólogo durante todo el año, siempre con un profesional especializado. Gracias a tratamientos como las sesiones de quiropodias, por ejemplo, podemos eliminar las durezas de nuestros pies, así como las callosidades o los helomas (callos o durezas) que hayan podido aparecer.

 

Información de contacto:

www.fisiogracia.com

@fisiogracia

 

 


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