RUNNING

Los otros beneficios de correr

5 razones por las que correr nos hace mejor persona

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Practicar running aporta beneficios a nuestra salud física y mental, pero también puede contribuir a que seamos mejores personas. te mostramos otros 5 beneficios de correr.

(6-6-2018). Correr produce infinidad de beneficios físicos y mentales. Pero también contribuye a hacernos mejores personas. Así lo defiende el periodista y runner Marc Cornet en este artículo en el que numera los otros beneficios de correr.

Llevo más de 20 años corriendo. He visto cómo el boom del running ha transformado a los corredores de bichos raros a ser carne de cañón de cualquier ‘trending topic’. Nadie te mira raro por la calle cuando te ve con esas mallas apretadas y esos colores chillones. Sobre todo, con los hombres. Ya no piensan mal. Aunque sean las 12 de la noche. O las 6 de la mañana. Bien al contrario, algunos y algunas te miran con envidia, porque les gustaría quitarse el traje y ponerse a correr a tu lado. Seguimos siendo esos ‘locos que corren’, definidos a la perfección por el escritor uruguayo Marciano Durán. Sin embargo, han tenido que ensanchar casi hasta el infinito ese centro psiquiátrico de corredores marcianos, que cada vez tiene más adeptos.

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Gracias a los múltiples beneficios de correr, podemos mejorar tanto la salud física como la mental. Ya lo sabemos, hasta la saciedad. Pero es que, además de ponernos en forma, nos convierte en mejores personas y alimenta nuestra vida social. Gracias al running, podemos conocer nuevos semejantes y hacer nuevos amigos y amigas. Es una red social mejor que Tinder o aplicaciones de este tipo que ahora mismo están en boga. Con una gran ventaja. Y es que las personas ya comparten una misma afición desde el primer momento en el que se conocen. Es una ‘First Date Running’. Todo lo que necesitas es amor… y correr, según rezaba una carta que leí en su día parafraseando a los Beatles. ‘All you need is love… and a run.

1.He tenido un día estresado, me voy a correr”

Son muchos los días en los que vuelvo del trabajo a mi casa corriendo. Termino tarde mi labor como periodista y mi mente está despierta, aunque mi cuerpo protesta tras una larga jornada laboral. Es en esos casos cuando más valoro el beneficio mental que me reporta calzarme las zapatillas. Gracias al solo hecho de correr, puedo liberar la tensión acumulada. Al mismo tiempo, me permite ordenar mis pensamientos y mejorar mi capacidad de concentración.

De hecho, después de correr, afronto los interrogantes y dificultades que nos presenta la vida desde otro prisma, con más concentración y creatividad. El gran maratoniano, norteamericano, editor de Runner’s World durante muchos años y gran conocedor de los beneficios de correr, Ambu Burfoot, no lo pudo sintetizar mejor: “Si entrenas tu mente para correr, todo lo demás será fácil.

2. La generosidad del trabajo en comunidad

Correr también nos hace ser más generosos, y no sólo con nosotros mismos, sino también con nuestro entorno. Tanto en una competición como en un entrenamiento, debes compartir momentos complejos con otros corredores y corredoras. Momentos en los que el espíritu mosquetero entra en juego. Momentos en los que la unión hace la fuerza y es preciso colaborar para poder sumar más kilómetros. Todos para uno y uno para todos. El francés Alejandro Dumas debía ser uno de los primeros escritores que ya intuyó el poder del grupo y que, siglos después, nosotros aplicamos al mundo del correr.

“Venga, que ya lo tienes. Venga, ánimo, que ya no te queda nada”. Son frases totalmente habituales en cualquier carrera que se precie. Ya sea de parte del público o bien de aquellos runners que están compartiendo el mismo trazado. Frases, motivaciones, que ayudan a seguir hacia adelante cuando las fuerzas físicas flaquean. Permiten tirar de fuerza mental, de épica, para lograr una marca concreta o terminar aquella carrera de ensueño que nos habíamos puesto entre ceja y ceja. El público y los mismos corredores nos pueden ayudar a dar el do de pecho en los momentos más complejos. Saber que hay un final, y que éste está cerca, supone la mejor motivación para esforzarse.

3. Sentido de responsabilidad

Suena el despertador. Son las 6 de la mañana. El primer instinto es claro. “Apago el despertador y me vuelvo a la cama. Así podré dormir, como mínimo, 1 hora más. Pero la conciencia nos impide hacerlo. “No, no puedo dejar tirado a Alfredo y a María, seguro que ya me estarán esperando en la esquina para empezar el día quemando unas pocas calorías. Y esa responsabilidad nos obliga. Nos hace levantarnos y nos da energía para llegar al punto de encuentro. Tal y como decía el ensayista libanés Khalil Gibrán, “la generosidad no consiste en que me des algo que yo necesito más que tú, sino en darme algo que tú necesitas más que yo”. Compartir es vivir, respirar y, por encima de todo, correr, en este caso.

La vida es división, diferencia, heterogeneidad. Y en el respeto de la disparidad y la confrontación está el secreto de la evolución. De la nuestra, como personas, y de la sociedad, como conjunto. Y gracias al sólo hecho de correr podemos ser más comprensivos y tolerantes con todo lo que nos rodea. Los grupos atléticos o grupos de entrenamientos no dejan de ser un espejo de la sociedad. Unos van más rápidos. Los otros optan por no arriesgar e ir más lentos, o quizás es que quieren disfrutar más del camino. Otros priman la seguridad. Otros sólo quieren disfrutar y minimizar el sufrimiento. Y así hasta el infinito. Todas las motivaciones personales, sean cuales sean, son igual de respetables.

El running nos hace valorar el esfuerzo de cada persona en particular, independientemente del tiempo que marque el crono cuando cruza la línea de meta. Nos ponemos en su lugar, en sus circunstancias, para valorar su resultado. Correr multiplica nuestra empatía para con los demás. Con las zapatillas en los pies, todos somos iguales. Formamos parte de una misma ola que nos llevará a todos a la arena. Unos llegarán antes, los otros después, pero formando parte del mismo todo. De esa misma ola. Las zancadas son como las palabras que definía Antonio Skármeta en ‘El cartero de Neruda’: “Hay que saborearlas y dejar que se deshagan en la boca. Incluso en el corazón, en el caso que nos atañe.

4. Tocar de pies en el suelo

Otro de los beneficios de correr es que nos baja de las nubes a la realidad. Podemos soñar. Dejar volar nuestros propósitos, porque “si no soñamos, estamos muertos”, según clamaba a los cuatro vientos desde las alturas Kilian Jornet. Y los sueños, si los soñamos y los alimentamos, pueden llegar a cumplirse. Sin embargo, debemos perseguir y vivir nuestras propias quimeras y deseos. Son unipersonales y dependen de cada uno de nosotros y nosotras. Porque siempre habrá alguien más rápido, alguien que corre más lejos, alguien que sube más rápido, alguien que es más perspicaz y veloz en las bajadas… Correr nos hace tocar con los pies en el suelo, ser más humildes y hacer un viaje interior hacia las propias capacidades. Esta conciencia de lo real no está reñida con los sueños. Bien al contrario, es este discernimiento el que nos permitirá establecer la primera piedra de esa casa llamada ambición, anhelo y fantasía.

5. Progreso y evolución

Ser corredor es un atributo más de nuestra vida. No lo podemos desligar de nuestro entorno, de quién somos en realidad. En este sentido, podemos progresar y evolucionar. Y eso no siempre tiene que significar correr más rápido o mejorar nuestra marca. No hay que ligar el progreso a una marca concreta. Avanzar supone mejorar y aprender de nosotros mismos, pero también de los demás. Muy acertada es, en este aspecto, la frase que nos dejó para la posteridad el filósofo y economista inglés John Stuart Mill: “No existe mejor prueba del progreso de una civilización que la del progreso de la cooperación”. Y ese progreso suele ser generoso y paciente. Generoso porque nos sacrificamos por los demás, como ya he justificado, y también sosegado. Y es que cualquier progreso requiere de paciencia y trabajo. No hay atajos que sirvan y el único camino a seguir es el de la constancia, aunque tengamos que hacer infinitos virajes durante la travesía.

De todo esto, deduzco que cualquier corredor y corredora se acaba convirtiendo en mejor persona. No digo que sea buena persona, sino que se transforma en una persona mejor de la que era antes de iniciar esta práctica.

El deporte no forja el carácter, sino que lo saca a relucir. Y, teniendo en cuenta los atributos que el running nos da, acabará siendo un ser humano más generoso, humilde, comprensivo y paciente. Virtudes y cualidades que nos honrarán como runners, pero aún más como personas en nuestro día a día.

La práctica del correr ha pasado a formar parte de nuestro CV vital, pero también laboral. Cada vez son más las empresas que valoran como un elemento muy positivo que sus futuros empleados hagan deporte. Que se muevan y que tengan inquietudes relacionadas con el mundo del deporte.

Correr cambia nuestro carácter, lo redondea, le da un sentido de solidaridad más acrecentado. “El deporte te muestra hasta dónde eres capaz de llegar en cada aspecto de tu vida, a nivel social, personal y profesional”, defiende Michael Sachs, profesor del Departamento de Quinesiología de la Universidad de Temple.

La vida es muy corta. Correr la hace parecer más larga(Baron Hansen).


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