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La psicóloga deportiva Carla Alfonso explica este nuevo proyecto

Neuroathleta: la simbiosis entre psicología y neurociencia

Es el cerebro es quien decide cuando sentimos fatiga, y no los músculos

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El ‘radar’ que la psicóloga deportiva Carla Alfonso, emplea en sus sesiones con deportistas tiene en cuenta, “tanto los aspectos psicológicos y cognitivos de la persona, como también las cuestiones físicas y de su entorno que puedan ser claves para su bienestar y rendimiento”.

(9-12-2020). Son cada vez más los estudios que ponderan la importancia de la psicología sobre el rendimiento de un deportista, independientemente de cuál sea su nivel. El trabajo mental puede ser la diferencia entre terminar o no una competición concreta. Sobre esta cuestión nos habla la psicóloga deportiva, Carla Alfonso, que ha lanzado su proyecto NeuroAthleta.

Neuroathleta es un proyecto personal de esta psicóloga que se basa en dos pilares fundamentales: la psicología y la neurociencia. El primer concepto estudia el comportamiento, los pensamientos y los sentimientos. El segundo, la neurociencia, trata el estudio del sistema nervioso y se centra en descomponer el cuerpo en sus diferentes componentes para entender cómo funciona. ¿Y cómo ligamos estas dos disciplinas diferentes dentro del mundo del deporte? Se lo cuestionamos a la experta en psicología del deporte, Carla Alfonso.

“Lo que trato de enseñar a mis clientes es aprender a analizarse de forma introspectiva para ayudarles en los problemas que tengan (ansiedad, falta de disciplina, falta de confianza, etc.) y, de este modo, poder mejorar su comportamiento” explica Carla Alfonso. Y en este punto entra la neurociencia, ya que esta disciplina puede ayudar a complementar la psicología, “desarrollando un programa para trabajar en las fortalezas y las debilidades de cada persona, ahondando en aspectos como la percepción, la memoria o la atención, pero sobre todo, trabajando la salud del sistema nervioso autónomo”, según precisa la psicóloga.

Conocerse para extraer el máximo partido de nosotros mismos

La idea fundamental es que si conocemos cómo funciona nuestro propio organismo, y nuestro sistema nervioso funciona adecuadamente, tendremos más herramientas para extraer su máximo potencial y así “alcanzar el rendimiento deseado”, especifica Carla Alfonso. De esta manera, si sabemos por qué nos movemos de una forma concreta (neurociencia), también seremos capaces de determinar por qué actuamos de una determinada manera (psicología). Se trata de mezclar el cómo con el por qué de dos disciplinas que contemplan el funcionamiento humano.

El trabajo concreto con los deportistas se basa en técnicas psicológicas y ejercicios de coaching “para trabajar pensamientos, sentimientos y comportamientos”. No obstante, en este caso, se trata, incluso, de dar una zancada más, una pedalada más. Porque lo que Carla Alfonso propone es “que el/la deportista conozca de primera mano los mecanismos que facilitan estos procesos a nivel neuronal. Así, tendrá un conjunto de herramientas disponible para mejorarlos a través del sistema cognitivo”.

La importancia del ‘radar’ (visual)

Durante su explicación, Carla Alfonso nombra varias veces la importancia del ‘radar’. Pero, en realidad, ¿en qué consiste este concepto? “Cuando tengo a un deportista en mi consulta, dibujo un radar, que plasma los 5-10 elementos que más influyen sobre su rendimiento como deportista”. Y este radar, nos sigue contando, “tiene en cuenta,  tanto los aspectos psicológicos y cognitivos de la persona, como también las cuestiones físicas y de su entorno que puedan ser claves para su bienestar y rendimiento”.

La idea nuclear del NeuroAthleta parte, según Carla Alfonso, de “potenciar más, si cabe, a nivel psicológico, las mejoras obtenidas en el entrenamiento físico”.

Tal y como podemos observar en el gráfico superior, “el radar plasma, de forma visual, los principales aspectos a trabajar con un deportista en concreto”. Lógicamente, cada radar es algo personal e intransferible y “variará de un deportista a otro en función de sus necesidades, deseos y comportamientos”. Cada individuo en concreto tendrá una serie de elementos “clave” dentro de su vida que van a condicionarle (conceptos como relajación, comunicación, memoria, sueño o planificación).

La idea fundamental, tal y como nos relata esta especialista, es “maximizar el área azul el mayor tiempo posible, para así poder lograr casar bienestar y rendimiento”. Los milagros no existen. Pero sí las transformaciones a partir del autoconocimiento. En este sentido, la idea nuclear del NeuroAthleta parte de “potenciar más, si cabe, a nivel psicológico, las mejoras obtenidas en el entrenamiento físico”.

Con el autoconocimiento, logramos desarrollar aspectos como la definición de objetivos, la motivación,  confianza o manejo del estrés

Beneficios concretos para el deporte (y el día a día)

Con este proceso de autoconocimiento, logramos desarrollar y concretar “aspectos como la definición de objetivos, la motivación, la confianza o el manejo del estrés”, afirma Carla Alfonso. Así pues, “tras este trabajo de acompañamiento, los deportistas serán capaces de aprender a visualizar, respirar mejor, o incluso incrementar la tolerancia al dolor, además saber concentrarse de forma adecuada”. Cada uno según sus necesidades. Algunos de los “bloques” más comunes trabajados en consulta son:

  • Habilidades mentales (mental skills). Son herramientas clave para el bienestar personal y, en el caso de deportistas, “son básicas para rendir a un nivel óptimo”. Lo mejor es que son unas habilidades que podemos aprender, impulsar y fortalecer. El entrenamiento de las habilidades mentales puede incluir trabajar en conceptos como el auto-habla, la evaluación constructiva, el control de las emociones (ansiedad, estrés, etc.), la concentración, la visualización, el control de la activación, actitud y creencias positivas, además de estrategias de competición (rutinas concretas).
  • Habilidades de vida (life skills). En este caso, son el conjunto de habilidades que permiten “administrar eficazmente las demandas de la vida diaria”. Se trata de “la capacidad de una persona (o un equipo) para mantener un estado de bienestar positivo y adaptativo” cuando interactúan con su entorno. Son habilidades que la mayoría de nosotros poseemos, adquiridas a lo largo de nuestra vida cotidiana, pero que también podemos enriquecer. Las principales habilidades de vida (y en las que Carla Alfonso incide) son: establecimiento de objetivos y planificación, trabajo en equipo, transiciones, lesiones, equilibrio vida-deporte, toma de decisiones, compromiso y disciplina y un concepto cada vez más en boga, la resiliencia.

Siguiendo esta catalogación, podemos observar que no hay distancia ni diferencia entre el deportista y la persona. Es decir, que una es inseparable del otro. Y que los beneficios obtenidos en un campo revierten positivamente en el subsiguiente. Son dos vasos comunicantes, con una salvedad. Cuando uno se llena, el otro no necesariamente se vacía. Si sabemos aplicar los métodos precisos, ambas perspectivas son no sólo complementarias, sino exponenciales, en cuanto a ganancias personales y deportivas se refiere.

Sé la mejor versión de ti mismo

Aspectos psicológicos y cognitivos que irán de la mano “para ser un mejor deportista, puliendo y dibujando nuestra mejor versión, pero también mejorando nuestro perfil personal”, dice Carla Alfonso. Con esta miscelánea de psicología y cognitivismo, “seremos capaces de sacar lo mejor de nosotros mismos”.

Las capacidades físicas por si solas no predicen el éxito deportivo

“Las capacidades físicas por si solas no predicen el éxito deportivo, sino que un buen rendimiento también requiere del desarrollo de funciones cognitivas como la concentración o la memoria, entre otras”. Y cerramos con un dato revelador que nos ofrece Carla Alfonso: cuando hacemos ejercicio y creemos que los músculos están totalmente exhaustos, aún quedan más del 50% de fibras musculares disponibles. Esto “sugiere que el cerebro es quien decide cuando sentimos fatiga, y no los músculos” (Noakes, 2012).

Y cerramos con una mítica frase de “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry, que viene como anillo al dedo en este caso: “lo esencial es invisible a los ojos”.


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