RUNNING

Historia en kilómetros

La primera maratoniana que tumbó al machismo: K. V. Switzer

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Kathrine Switzer fue la primera mujer que corrió un maratón de forma oficial con dorsal, aunque estaba prohibido en la época. En la imagen, luce el dorsal que llevó en el Maratón de Boston.

(21-3-2018). Recordamos la figura de K. V. Switzer, la maratoniana que desafió al machismo en el año 1967 corriendo un maratón prohibido para las mujeres. Fue su atrevimiento y valor el que contribuyó a impulsar que el maratón femenino se convirtiera en realidad y consiguiera ser olímpico en 1984.

Hoy en día, tenemos asumido como una absoluta normalidad que hombres y mujeres puedan correr un Maratón. Sin embargo, hace 51 años, las mujeres no podían participar en una carrera de 42.195 metros. De hecho, el Maratón femenino no fue olímpico hasta los Juegos de Los Ángeles, en 1984, con la victoria de la norteamericana Joan Benoit. Benoit, de forma indirecta, le debió mucho al atrevimiento, osadía y valor que una compatriota suya, K. V. Switzer, tuvo en Boston, el 19 de abril de 1967. De hecho, Switzer ha pasado a la historia como la mujer que desafió al machismo corriendo un maratón prohibido.

Es una foto en blanco y negro que se ha convertido en un auténtico símbolo de la lucha feminista en el mundo del deporte. Un hombre de mediana edad, atisbado con unos pantalones chinos, americana y corbata, con la cara totalmente desencajada, trata de agarrar por la espalda a la atleta con el número 261 gritando “sal de mi puta carrera y devuélveme esos números”. Otro de los participantes la protege. Todo ello ocurrió en Boston, en 1967. Os ponemos en antecedentes.

Por aquel entonces, las mujeres tenían prohibido correr la prueba del maratón. De hecho, las mujeres tenían vedado participar en cualquier carrera por encima de los 800 metros, ya que se consideraba que ello podría ser perjudicial para su salud y feminidad. Pero Kathrine Switzer no estaba dispuesta a aceptar tal injusticia y desigualdad entre hombres y mujeres. Corría en sus ratos libres –siguiendo aquella afición que le había inculcado su padre, un militar estadounidense- y quería probar qué era correr un maratón tras haber formado parte del equipo de atletismo de su universidad, en Syracuse. Pero más que ponerse a prueba, había una pregunta que le rondaba por la cabeza hacía muchas semanas. Si los hombres podían hacerlo, ¿por qué no tenían el mismo derecho las mujeres? No somos frágiles o débiles, como muchos piensan, reflexionaba por aquel entonces la revolucionaria corredora.

K. V. Switzer, corriendo el maratón exclusivamente permitido a hombres.

En el reglamento del maratón de Boston, no estaba ni prohibido ni admitido que una mujer participara en un maratón. Tampoco estaba regulado. No decía nada de nada acerca de la participación de mujeres. Algo que alentó a Kathrine, que se inscribió con el habitual K. V. Switzer, las siglas que utilizaba siempre. Es decir, sólo usó las iniciales de su nombre para apuntarse a la carrera junto a su novio Tom Miller, un robusto atleta. Nadie podía saber que se trataba de una mujer. La inscripción, pues, ya estaba hecha. Y el día de la carrera, Kathrine, con sus deportivas y su chándal, empezó a correr entre medio de los otros participantes, todo hombres. Todo se desarrolló de forma normal, hasta que unos kilómetros después de haber tomado la salida, el codirector y comisario de la prueba entró en juego, como ya hemos relatado al principio.

Tras evitar que Jock Semple le impidiera continuar, Switzer llegó a la línea de meta sin más sobresaltos, siendo la primera mujer en terminar un maratón con un dorsal en su pecho. Lo hizo con un tiempo de unas 4 horas y 20 minutos, pero eso, lógicamente, era lo de menos. Los demás corredores, lejos de seguir con la actitud demostrada por Semple, la animaban y alentaban para que concluyera su primer maratón. Y así lo hizo. Una victoria para ella, aunque el otro triunfo aún tardaría un poco más de tiempo.

Se dio cuenta de que si no llegaba a la línea de meta nadie sería capaz de creer que las mujeres podían correr y terminar un maratón, como los hombres

El maratón de Boston –el más antiguo del mundo y que se ha corrido de forma ininterrumpida desde el año 1897- se demoró hasta 5 años en oficializar la participación de mujeres entre sus participantes. El gesto de Switzer no sólo puso encima de la mesa una desigualdad sin sentido, sino que además puso de manifiesto el futuro prometedor de esta mujer en la distancia de Filípides. Y es que Kathrine ganó el maratón de Nueva York en 1974, además de ser segunda en Boston en 1975, el mismo año en el que bajó de las 3 horas y realizó su mejor marca personal en los 42.195 metros (2:51:37). Switzer fue la pionera dentro del mundo del maratón femenino. Una prueba que hoy en día se ha convertido en una de las distancias más relevantes del circuito internacional con nombres como Mary Keitany, Tiki Gelana, Gladys Cherono o Asefelech Mergia, que preceden a nombres míticos como el de Paula Radcliffe –que aún posee el récord del mundo con 1:15:25, logrado en Londres en 2003-, Mizuki Noguchi o Catherine Ndereba.

Aquella serie de instantáneas en las que podemos ver a Jock Semple intentando detener por todos sus métodos a Kathrin Switzer se ha convertido en una imagen universal de defensa de los derechos de las mujeres. Y no sólo el mismo día y los posteriores después del maratón. Semple era un comisario con una larga tradición de lucha y acoso contra los corredores que no tenían dorsal. El mismo empeño que ponía en evitar este tipo de prácticas fraudulentas fue el mismo, o incluso más, que captaron las cámaras cuando intentó sacar de la carrera a esta mujer. Tal y como estas imágenes han dado la vuelta al mundo, el número 261 también se ha erigido en un número de lucha feminista y en la lucha contra los obstáculos a los que las mujeres deben hacer frente.

Momento en el que el comisario de la carrera, Jock Semple, intenta evitar que Switzer continúe el maratón.

Más de medio siglo después, la voz de Switzer aún se hace sentir como un ejemplo de la reclamación de igualdad de derechos entre hombres y mujeres bajo el paraguas de ese dorsal elegido al azar. Vemos como algo totalmente anacrónico que alguien impida correr a las mujeres, pero aún debemos avanzar mucho más, con el espíritu crítico y atrevido de Switzer, para lograr una igualdad que sea de facto, y no teórica. Aquel lejano 19 de abril de 1967, Kathrine Switzer sólo quería terminar su primer maratón. Pero, con el paso de los kilómetros y la acción violenta de Semple, se dio cuenta de que si no llegaba a la línea de meta nadie sería capaz de creer que las mujeres podían correr y terminar un maratón, como los hombres. Y tras aquel logro, Switzer no ha parado de ir por todo el mundo reclamando ese espíritu de lucha por la igualdad y demostrar que no había (ni debería haber) límites –alentados por la desigualdad- para ella ni para las mujeres. Como ella misma escribió, “mi pasión siempre ha sido dar oportunidades a las mujeres para que ganen fortaleza y confianza en ellas mismas” (texto que publicó ella misma en un artículo para el diario británico The Guardian).


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