TRAIL RUNNING

El corredor de trail ha vuelto a las carreras por montaña tras tres años de recuperación

Jokin Lizeaga: “Cada día recuerdo el accidente, mis miedos han aumentado y me paralizan”

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Jokin Lizeaga volvió a la competición hace 15 días, y lo hizo en la Mágina Skyrace, disputada en la localidad andaluza de Albanchez de la Mágina, con un 6º puesto final y la medalla de oro en el Campeonato de España en categoría de veteranos.

(26-5-2021). Jokin Lizeaga ha vuelto a la competición, tres años después del fatídico accidente que le ha dejado secuelas mentales y físicas en tobillos, codos y la vista, puesto que ha perdido el 70% de la visión del ojo izquierdo. Hablamos sobre las sensaciones que le han provocado volver a correr, cómo le ha cambiado el accidente y sus próximos retos.

7 de abril de 2018. Cuando estaba corriendo el Maratón de los Pastores de Portudera, en Asturias, el corredor de montaña Jokin Lizeaga (Urnieta, Guipuzcoa, 1979), cae en una sima profunda. De más de 15 metros. Salva la vida. De milagro. 3 años después ha podido volver a correr. Con mucho esfuerzo, trabajo y fuerza de voluntad. Las secuelas del accidente siguen ahí. Muy presentes. Tanto las físicas como las psicológicas. Pero ahora, más que nunca, se centra en vivir el día a día. Y disfrutar de los pequeños detalles de la existencia, tanto a nivel personal como deportivo. La vida está hecha de sueños nimios. Y el suyo se perfila ya con Zegama 2022 en el horizonte.

Lo primero y más importante, ¿cómo te has sentido durante estos 3 años alejado de las carreras por montaña?

Han sido años difíciles, la verdad. No ha sido fácil. Nunca me he sentido solo. Familia y amigos me han arropado en todo momento y eso ha sido fundamental. Venía de ser un deportista de alto rendimiento en el micro clima del trail y te das cuenta de que caes en el olvido absoluto muy rápido. Pero no es algo que me sorprendiera. Tengo amigos que han sido profesionales del ciclismo o del remo y ya me habían contado experiencias similares. Sí ha habido la excepción de algunos corredores que, junto a familia y amigos, han hecho que no me sintiera solo.

¿Qué ha sido lo peor de todo este tiempo sin poder correr y con constantes pruebas médicas?

Lo peor ha sido estar a la expectativa de recibir resultados y de poder padecer enfermedades muy graves que podían condicionar mi día a día de por vida. Escuchar de boca de los facultativos que se está degenerando el nervio óptico, que puedes perder la vista en ambos ojos, que puedes tener enfermedades degenerativas muy graves, incluso que puedes tener un tumor cerebral… Hacerte pruebas para todo este tipo de dolencias ya es serio, pero el estar esperando los resultados aún es más angustioso. Por suerte, lo he sabido sobrellevar como he podido y todo ha quedado en una posible degradación del nervio óptico que me afecta a la visión del ojo izquierdo en un 30%. Y se debe más al estrés postraumático de todo lo que viví, más que de la caída en sí de la sima.

Y la otra parte de la balanza, ¿qué ha sido lo mejor?

La verdad es que se aprende mucho. Tanto en el deporte como en la vida, se aprende mucho más de las derrotas o de los fracasos que de las victorias. Y esto ha sido un golpe duro. Pero aprendes a valorar, aún más, lo poquito que necesitas para ser feliz: charlar con los amigos y la familia alrededor de una mesa, salir al monte y tener contacto con la naturaleza y valorar la salud que tengo… En definitiva, valorar la sencillez de la vida y darte cuenta que la ilusión y ser feliz depende muy poco de lo material. Salud, naturaliza y amigos y familia son las tres claves de mi pirámide para ser feliz, sin ninguna duda.

Poder contarlo ya es para estar feliz

Hay personas que necesitan olvidar para poder pasar página. En tu caso, ¿deseas seguir teniendo presente cómo ocurrió todo?

No sé por qué, pero lo sigo teniendo presente. Pero tampoco me hace un mal mayor el hablar sobre ello y el recordarlo. De hecho, me acuerdo cada día de ello, del accidente. Me ocurre al ver la altura de un pino, al cruzar un puente, al asomarme en un cuarto piso, en cualquier ascensor… En este tipo de situaciones no me entra la angustia, pero sí malos pensamientos y el tono muscular aumenta un poco y me contracturo. Y, lógicamente, me vienen recuerdos de la caída, de lo que viví en la sima y de lo que casi pude perder. Es algo que ha sucedido y, en realidad, tampoco es algo que desee olvidar. Por suerte, hice las cosas bastante bien y estoy aquí. Poder contarlo ya es para estar feliz.

5 meses después volviste al lugar del suceso. ¿Qué sentiste?

Es algo que necesitaba, me lo pedía mi cuerpo. El psicólogo y el psiquiatra con los que estaba trabajando me dijeron que no me iba a hacer ningún mal. Quería saber cómo era esa sima profunda de 15 metros por dónde me había caído y de la que subí por mi propio pie (equivalente a un quinto grado en escalada). El motivo de la caída ya lo intuía. Había nieve que se estaba ablandando y al pisar justo encima de la sima caí por el agujero. Quería conocer los entresijos de ahí dentro. Y me llevé una gran sorpresa. El agujero era realmente pequeño y mucho más vertical y escarpado, con puntas a ambos lados, de lo que recordaba. Hizo que me diera cuenta de la gran suerte que había tenido en poder salir vivo de allí dentro. Era realmente increíble. Había huesos de animales y calaveras. Animales que habían caído ahí dentro y no habían tenido la suerte, como yo, de poder salir. Le di las gracias al agujero y dejé una foto y un escrito metidos en una roca. Espero poder volver algún día y ver si la foto y la dedicatoria siguen en el mismo sitio. Es algo que me hizo bien y estoy contento de haber podido ir.

¿Te gusta pensar que es una segunda oportunidad que te ha dado la vida?

Sí, soy consciente de ello. No obstante, no lo veo tanto como una segunda oportunidad para cambiar cosas del pasado, sino más bien que la vida me ha permitido seguir con vida porque debo aportar algo, por pequeño que sea, a esta sociedad y que me han dejado seguir para poder mantener esa aportación (y nos reímos juntos). Y contar esta experiencia creo que también aporta algo a los demás, para los que quieran sacar algo bueno. No me hace ningún mal hablar de ello, todo lo contrario.

El agujero era realmente pequeño y mucho más vertical y escarpado de lo que recordaba. Había huesos de animales y calaveras. Animales que habían caído ahí dentro y no habían tenido la suerte, como yo, de poder salir. Le di las gracias al agujero y dejé una foto y un escrito metidos en una roca

Hablabas abiertamente del trabajo que has implementado junto a psicólogos y psiquiatras. ¿Crees que aún falta mucho por normalizar este tipo de contactos en el mundo del deporte profesional y de alto nivel?

Sí, aún nos falta mucho por recorrer en este sentido. Pero en esta sociedad sólo contamos lo bueno, lo bien que lo he hecho, cuantas veces he ganado, lo contento que estoy… En mi caso, no tengo redes sociales, pero soy consciente que, de forma mayoritaria, la gente sólo cuenta los aspectos positivos de su vida. Nadie cuenta lo triste que está, lo mal que se ha despertado en un día concreto… y todo esto también forma parte de la vida real. De hecho, es más real que no todo lo anterior. Hay tantos días tristes como felices en la vida de uno y hay que aprender a gestionar esos días tristes. Creo que nos están maleducando. Llorar no es malo si logras superar la angustia que te rodea. Tampoco se habla de la muerte. Y quizás deberíamos asumirlo como algo normal, no como una cuestión tabú. La vida se trata de ir superando los obstáculos que aparecen para ser feliz. Si nunca tienes un obstáculo ante ti, seguramente tu felicidad tampoco será muy grande.

Siempre habías dicho, como un mantra, que no tenías miedo. ¿Ahora sí lo tienes?

La verdad es que sí (responder, sin dudar ni un ápice). Mis miedos han aumentado mucho. Casi nunca había tenido miedo. Mi única relación con la muerte fue cuando falleció mi madre de un tumor cerebral. En puntos técnicos de la montaña, siempre me había manejado muy bien. No sentía el miedo, las posibilidades de que algo saliera mal. No tenía miedo. Y ahora sí. Además, se trata de miedos irreales. Paso por encima de un puente y pienso que puede romperse, que tiene casi la misma altura que la cima por la que caí… El excesivo miedo es malo y, ahora mismo, me está perjudicando porque no hago las cosas que me gustan. Es un miedo limitador, pero también me hace ser consciente de las pequeñas cosas que sí puedo hacer.

Hay tantos días tristes como felices en la vida de uno y hay que aprender a gestionar esos días tristes. Creo que nos están maleducando

Cada 4 meses sigues pasando pruebas oftalmológicas y neurológicas cada 6. Pero ello no te ha impedido poder volver a sentirte corredor. Y justo hace 15 días te colgaste tu primer dorsal en la Mágina Skyrace, disputada en la localidad andaluza de Albanchez de la Mágina (con un 6º puesto final, el corredor urnietarra obtuvo la medalla de oro en el Campeonato de España en categoría de veteranos).

Desde que pude volver a correr 6 meses después del accidente, me he acostumbrado a hacerlo con dolor. A causa del accidente, me doblé el sacro y el coxis. Y todo ello me ocasiona también problemas en la planta del pie. Volver a correr me ha costado muchísimo (en el momento de la entrevista, 15 días después de su vuelta a las carreras, responde a nuestras preguntas con hielo en los metatarsos para seguir su proceso de recuperación). Voy de fisio en fisio y sigo sufriendo las secuelas de la caída. Fue emotivo poder volver a estar en una línea de salida. Durante los últimos 3 años, quizás con un sobreesfuerzo excesivo, había pensando que sería casi imposible. Pero lo he logrado y me sentí muy arropado por todo el mundo.

En este sentido, ¿cómo te afecta correr con una visión del 30% menos en tu ojo izquierdo?

Pues la verdad es que me afecta, y mucho. Durante todo este tiempo, he corrido siempre en sitios conocidos. Al principio, me hizo daño en hombro, costillas, tobillo, espalda, pies… pero, una vez superados los dolores iniciales, perdí la vista del ojo izquierdo. Todo ocurrió 6 meses después del accidente y, como te decía antes, se debió al estrés postraumático sufrido. De ahí surgieron las posibilidades de enfermedades graves de las que podían venir esos problemas en la vista. Enfermedades que, por suerte, han quedado descartadas. Pero, volviendo a tu pregunta, me estoy acostumbrando, poco a poco, a sólo ver del ojo derecho. No obstante, cuando llueve o me entra algo en el ojo derecho me quedo totalmente ciego, sin poder ver y tengo que parar. Pero te vas haciendo a la nueva normalidad, no queda otra que aceptarlo para seguir disfrutando de la naturaleza y seguir compitiendo.

¿Merece la pena tanto esfuerzo para poder volver a calzarte unas zapatillas?

Es difícil valorarlo, la verdad. Tenía el sueño de poder volver a correr y lo he logrado. Ahora bien, a costa de mucho sacrificio y de mucho dolor. En mi caso, por ahora, me compensa y me satisface. Y no sólo como corredor de montaña, sino también como persona. Por ahora, voy día a día, sin plantearme grandes retos, ya que la inseguridad en mí mismo es muy grande. Como mucho, puedo salir a correr 3 días y con mucho dolor. Tengo algunas carreras en mente que me gustaría correr, pero no sé si seré capaz de correr dentro de 15 días. Eso sí, una de las carreras que tengo en mente es la Zegama de 2022. Espero poder estar allí y correrla, como sea.

No hay precio que pueda pagar los daños y el sufrimiento que voy a tener de por vida

Y a todos tus problemas físicos, has tenido que añadir las trabas legales. La lucha legal contra la aseguradora y los organizadores del Maratón de Portudera, que querían eludir su responsabilidad en el accidente.

Lo más difícil ha sido la recuperación física y las secuelas mentales y físicas (tobillo, codo, vista…) que me quedan. Pero la lucha en los juzgados de Llanes y en la Audiencia Provincial de Oviedo también me hizo mella. Por suerte, finalmente me dieron la razón para que me paguen todo lo que decía el peritaje. Fue una lucha dura. Empezaron diciendo que el accidente había sido culpa mía, que me había perdido. Me puse en manos de un abogado y el peritaje inicial de las secuelas estaba sobre los 5.000-6.000 euros. Pero después aparecieron el resto de secuelas mentales y físicas. Las gordas. No hay precio que pueda pagar los daños y el sufrimiento que voy a tener de por vida. Pero tras las nuevas valoraciones tanto el juzgado de Llanes como la Audiencia condenaron a la aseguradora y a la organización. Más que el dinero, por suerte tengo un sueldo digno, buscaba una reparación del daño moral y psicológica que me han hecho.

En total, la parte demandante tendrá que abonar 61.382’48 euros, más los intereses legales devengados, al quedar acreditado que “incurrieron en una deficiencia organizativa grave al demostrar que la carrera había pasado por un lugar con una sima sin señalizar” (explica Borja Osés, el abogado de Jokin Lizeaga).


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