TRAIL RUNNING

Historia en Kilómetros

¿Quién es Bruno Brunod? Conoce al primer ‘Kilian Jornet’

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Pasados los 50, Bruno Brunod sigue ligado a la montaña, de una forma amateur. (Foto: La Stampa).

(14-6-2017). Cuando se habla de trail running en la actualidad, existe un referente por encima de todos que es Kilian Jornet. Pero incluso el mejor tiene ídolos y, en su caso, se trata de uno de los pioneros de este deporte, Bruno Brunod. Te explicamos quien es.

Son muchos los que han descubierto el trail running con la eclosión de Kilian Jornet. Pero esta es una disciplina y forma de entender la montaña que ya tiene su historia desde hace más de dos décadas, desde finales de los 80 y principios de los 90. En varias entrevistas, el corredor del Team Salomon ha citado siempre a Bruno Brunod como el gran ídolo de su infancia. E incluso va más allá: “para los corredores de montaña, Brunod es Dios”. Pero, ¿Quién es Bruno Brunod? Tiene ahora 54 años y fue uno de los pioneros de este deporte, además de ser el primer gran campeón. Ganó en 2 ocasiones la Copa del Mundo de Sky Running (1996 y 1998).

Corrió junto a Claudio Chiapucci

Kilian ha podido recorrer y ampliar hasta límites insospechados el camino que otros, como Bruno, iniciaron en su día. En el caso del corredor italiano, sus inicios en el mundo del deporte le vinieron a través del ciclismo, leyendo una revista con el gran Fausto Coppi como referente. Tenía poco más de 16 años cuando empecé a subirse encima de la bici. Y llegó a ser profesional de las dos ruedas. Brunod corrió incluso en el mismo equipo que el ciclista italiano Claudio Chiapucci, gran rival de Miguel Induráin a principio de los años 90. Pero el ciclismo era demasiado ordenado para el caos y libertad de emociones que él buscaba. Y empezó a correr por la montaña, por una de las zonas más bellas de los Alpes: el Valle de Aosta, alrededor de su casa. Pero los inicios de Brunod no fueron fáciles. Debutó en una marcha a pie por los Alpes, llegando de los últimos.

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Bruno Brunod en su juventud, durante una carrera de montaña.

Un par de años después, ya se lo tomó más en serio. Tenía 32 primaveras. “Comencé a correr tarde, desconocía que tenía el talento necesario para hacerlo”, ha reconocido en diversas ocasiones. Brunod era un hombre rudo, criado en el campo, en el Valle de Aosta (uno de los grandes centros de referencia del montañismo alpino), ayudando a su madre como pastor, junto a las vacas, sin luz y sin agua en casa. En definitiva, un hombre forjado en la dureza de la vida rural en la montaña. Estaba acostumbrado a caminar y a escalar por la montaña, no a correr.

El ciclismo era demasiado ordenado para el caos y libertad de emociones que buscaba y comenzó a correr por la montaña

Pero su infancia, su vida como pastor y las durezas de la vida en el campo, le ayudarían a tener una fortaleza sin igual cuando empezó a correr ladera arriba. La semejanza con Kilian Jornet es muy estrecha, ya que Brunod siempre sonó “con subir hasta lo más alto y descender lo más rápido posible”. Introdujo un elemento de competitividad en la montaña, de luchar contra el crono, que anteriormente no existía. Y todo con un tipo de material que distaba mucho del actual. Las zapatillas, por aquel entonces, pesaban un quintal. Y el material era de todo menos técnico. Además, las carreras eran mucho más complejas y técnicas que las actuales.

El primer gran récord del Cervino

Uno de sus primeros retos fue el Cervino, para los italianos, Matterhorn, para los alemanes. La montaña más famosa y deseada de los Alpes. Preparó su objetivo durante más de 3 años. Subió y bajó en más de 30 ocasiones antes de afrontarlo. Conocía cada roca como la palma de su mano. Hasta que en 1995 batió el récord de ascenso y descenso. 3 horas y 14 minutos, saliendo desde Chamonix. Superó el récord de su compatriota Valerio Bertoglio en más de una hora. 18 años después, Jornet pulverizó el récord de su admirado Brunod, que predijo que bajaría su tiempo en unos 20 minutos. Como así fue. 2 horas y 52 minutos. Tras la experiencia en el Cervino, Bruno hizo lo propio en otras cumbres míticas como el Monte Rosa, el Aconcagua (provincia de Mendoza, Argentina), el Elbert (el pico más alto de las montañas rocosas de Norteamérica) o el Kilimanjaro (la montaña más alta de África, situada en el noreste de Tanzania). Se retiró más de una década después, y tras quedarse a las puertas del Everest. Aquel día, el mal tiempo hizo que Brunod se quedara a 500 metros de la cima de la montaña más alta del mundo y tras 16 horas de lucha contra el crono.

Un récord que, por cierto, ha conseguido hace 15 días Kilian Jornet, que subió a la cima en un tiempo récord y en 2 ocasiones en menos de una semana. Brunod tuvo que dejar el récord del Everest como pendiente, recordando un axioma muy presente en el mundo del alpinismo: “la montaña siempre es más fuerte”.

Brunod siempre manutuvo su espíritu amateur, de respeto por el entorno

Bruno actuaba en todos sus retos como un atleta de élite, pero manteniendo siempre unos valores que para él eran inalterables, e innegociables: siempre mantuvo su espíritu amateur, de respeto por el entorno, algo que fue muy admirado por parte de sus rivales durante sus años de dominio en el mundo del Sky Running. De hecho, muchos de sus récords han estado vigentes hasta dos décadas después.

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Hay que correr por pasión”

Ahora, tras una etapa en la que sólo iba a la montaña para disfrutar y caminar, ha vuelto a correr. Lo hace bajo otro prisma, aunque la motivación sigue siendo la misma. “No hay que correr para ganar carreras o para batir un tiempo concreto. Hay que correr por pasión”. En la actualidad, se sigue ganando la vida como albañil. En la montaña. Es un artista con las piedras. Y con la madera. Un trabajo, otra pasión, que aprovecha de la mejor manera posible los elementos que le ofrece su admirada montaña. Para vivir.

No hay que correr para ganar carreras o para batir un tiempo concreto. Hay que correr por pasión

Sigue siendo tímido. Reservado. La popularidad le ha llegado de mayor. Y una vez retirado de la primera línea de las carreras de Skyrunning. Aquellas en las que fue el primer referente. El primer gran rival a batir. Una popularidad que le ha llegado gracias a Kilian Jornet. De hecho, él mismo -Bruno- rehúye el papel de pionero, aunque sea así. En aquellos inicios, le tachaban de loco. De irresponsable. De estrafalario, ya que corría por la montaña con unas ropas de colores vistosos. Pero, como decía Aristóteles, “no hay un gran genio sin mezcla de locura”.


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