MONTAÑA

Cómo prevenir el mal de altura

Pablo Díaz Munio, médico deportivo, nos da algunos consejos

mal de altura

El conocido como ‘mal de altura’ es una de las principales preocupaciones de todos aquellos que se disponen a superar los 3.000 metros. El médico deportivo Pablo Díaz Munio, que ha acompañado a Pasabán en varias expediciones, asegura que “la clave está en la aclimatación”.

Estar bien preparado físicamente no es sinónimo de ser inmune al mal de altura. Se conocen casos de profesionales del alpinismo que han padecido este estado. En este sentido el médico deportivo y componente del equipo de Edurne Pasabán en varias expediciones al Himalaya, Pablo Díaz Munio, explica que “la clave para evitar el mal de altura está en el proceso de aclimatación. A menudo nos apremia el tiempo a la hora de ascender y no se dedican los días necesarios para aclimatar el cuerpo”. Es necesario que el cuerpo produzca glóbulos rojos de forma progresiva y esto lo conseguiremos ascendiendo de forma gradual para que el organismo se adapte a la altitud.

A nivel general, si se está por encima de los 3.000 metros se aconseja no dormir a más de 300 metros por encima de la altura de la noche anterior.

Síntomas de mal de altura
Estado de malestar general y dolor de cabeza. Estos síntomas son los que tienen que poner en guardia al alpinista. “Si ante este estado no se hace caso y se sigue ascendiendo, este primer grado se convertirá en severo y aparecerán las náuseas y los vómitos. El siguiente paso será un edema agudo de pulmón y esto pone al deportista en una situación de riesgo”, explica Díaz Munio.

“Hay que perder altura, para poder recuperarla después y seguir con la expedición”. Éste es el consejo básico para combatir el mal de altura. Descender unos 400 o 500 metros y pasar una noche como mínimo en una cota más baja, hará que nuestro cuerpo se vaya recuperando. “Hay que asumir la situación y bajar, una vez hemos descendido, una buena hidratación y el descanso harán que nuestro cuerpo vaya volviendo a la normalidad. Y además, en la mayoría de los casos, el alpinista podrá seguir adelante con la expedición, sin ningún problema”, asegura Díaz Munio, quien explica una situación real durante la expedición del equipo de Edurne Pasaban al Everest sin oxígeno. “Cuando llegamos al Campo Base del Everest a 5.300 metros, uno de los miembros de la expedición, Asier Izaguirre se empezó a encontrar mal. Tenía dolor de cabeza, malestar… le di un día de margen a ver si se recuperaba pero no fue así. Desarrolló fiebre. Diagnostiqué un mal de altura y decidí descender con él. Perdimos casi 400 metros de altitud y sólo con paracetamol, la mejoría fue notable. En dos días estaba preparado para volver a ascender. De hecho Asier fue luego uno de los más potentes a la hora de subir”.

Escuchar a nuestro cuerpo y ser prudentes puede salvarnos la vida y, además, no evitará que hagamos cima.


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